Karla Incauta
Reiniciándome
No es marzo de 1993 ni junio del año 2000
tiempo en que la esperanza aún no había sido sometida a juicio
y el invierno todavía vestía de sol cayendo sobre las risas adolescentes
que retorcían las veredas tras la caminata compartida de vuelta del colegio
Incluso se podía almacenar en la memoria las canciones y juegos
de muchachos esparciendo hormonas tan o mas jóvenes que sus propias mohicas
y el arcoiris había sido prometido recién hacía ocho años antes
No era tampoco abril de 2003 cuando las calles parecían hogar
y una casa tomaba forma y olor a hospedería jesuita
el otoño crudo y permanente aún no aterrizaba tanto en los hombros
y el reloj avanzaba a tientas tropezando en las madrugadas de tabaco y él pintando
Quizás pudo ser parecido a 2007 con el olor a comida emanando de casa
en que conocí la escoba, el trabajo, la estructura, la televisión y la gordura
tiempos tranquilos a pesar de una primavera insípida
pero no, no fue ese tiempo...
Fue un poco como en 2001 en que levantaba el cuerpo cansado desde una carpa
y el alimento diario no merecía más que un pan con cecina y unas latas de cebada,
luego, por las tardes asistiendo a clases
Tampoco es tan triste como julio de 2000, junio en 1998 o marzo de 2006
cuando hubo que lanzar los cuerpos inmortales al cajón negro
donde se fueron también las alegrías y se nos extravió el mapa
la semana antes se caían los dientes en el Pewma presagiando lo siguiente que vendría
De ese tiempo han pasado kilómetros y hoy vuelve a la carga el papel con el lápiz
y no en vano se acomodan las uñas en actitud atleta
para creer que vamos llenando los espacios en blanco,
mientras tanto, las cosas jubilan y las casas se llueven
se toma agua de hierbas y por las noches ya no se fuma,
el parpadeo de la luz en la cocina y mis jueces apuntando con el dedo...
El corazón exaltado por madrugadas en que sueño perder al hombrecillo pequeño
Y a mi cabeza que llega la imagen de los zapatitos lustrados,
el delantal bien planchado, el agua tibia para lavarle los dientes
el asma, la soledad, el invierno, el refrigerador muerto, las duchas heladas
la cuenta de la luz, el frío y el pediatra...
la música en el cerebro, el hastío, la ineptitud, la inhabilidad, el desconsuelo,
la miseria desatada, mi falso apego a las cosas y mis jueces apuntando con el dedo...
La piel desciende suficientes escalones hasta dejar ver los huesos rotos,
algunos serán mordidos por aves de rapiña y luego roedores
Es deber creer que los barrotes se rompen a escupitajos a cabezazos,
a palabras bien gritadas, pero en esos menesteres todavía me siento al debe
Tiempos sombríos de esclavitud, de miedo e incertidumbre
a pesar de que Pinochet ha muerto hacen ya casi nueve años
y el arcoiris no brilla ni por su ausencia ni por su presencia
Los cincuenta pasos desde la esquina hasta la entrada de la casa
o el libro de como salir de la angustia escrita por un esquizofrénico
nada de eso se parecen a como fue en 1990,
el fuego en la cocina, la mesa completa, mis papás y mis hermanos...
En 2015, los deditos de mi hijo...
tiempo en que la esperanza aún no había sido sometida a juicio
y el invierno todavía vestía de sol cayendo sobre las risas adolescentes
que retorcían las veredas tras la caminata compartida de vuelta del colegio
Incluso se podía almacenar en la memoria las canciones y juegos
de muchachos esparciendo hormonas tan o mas jóvenes que sus propias mohicas
y el arcoiris había sido prometido recién hacía ocho años antes
No era tampoco abril de 2003 cuando las calles parecían hogar
y una casa tomaba forma y olor a hospedería jesuita
el otoño crudo y permanente aún no aterrizaba tanto en los hombros
y el reloj avanzaba a tientas tropezando en las madrugadas de tabaco y él pintando
Quizás pudo ser parecido a 2007 con el olor a comida emanando de casa
en que conocí la escoba, el trabajo, la estructura, la televisión y la gordura
tiempos tranquilos a pesar de una primavera insípida
pero no, no fue ese tiempo...
Fue un poco como en 2001 en que levantaba el cuerpo cansado desde una carpa
y el alimento diario no merecía más que un pan con cecina y unas latas de cebada,
luego, por las tardes asistiendo a clases
Tampoco es tan triste como julio de 2000, junio en 1998 o marzo de 2006
cuando hubo que lanzar los cuerpos inmortales al cajón negro
donde se fueron también las alegrías y se nos extravió el mapa
la semana antes se caían los dientes en el Pewma presagiando lo siguiente que vendría
De ese tiempo han pasado kilómetros y hoy vuelve a la carga el papel con el lápiz
y no en vano se acomodan las uñas en actitud atleta
para creer que vamos llenando los espacios en blanco,
mientras tanto, las cosas jubilan y las casas se llueven
se toma agua de hierbas y por las noches ya no se fuma,
el parpadeo de la luz en la cocina y mis jueces apuntando con el dedo...
El corazón exaltado por madrugadas en que sueño perder al hombrecillo pequeño
Y a mi cabeza que llega la imagen de los zapatitos lustrados,
el delantal bien planchado, el agua tibia para lavarle los dientes
el asma, la soledad, el invierno, el refrigerador muerto, las duchas heladas
la cuenta de la luz, el frío y el pediatra...
la música en el cerebro, el hastío, la ineptitud, la inhabilidad, el desconsuelo,
la miseria desatada, mi falso apego a las cosas y mis jueces apuntando con el dedo...
La piel desciende suficientes escalones hasta dejar ver los huesos rotos,
algunos serán mordidos por aves de rapiña y luego roedores
Es deber creer que los barrotes se rompen a escupitajos a cabezazos,
a palabras bien gritadas, pero en esos menesteres todavía me siento al debe
Tiempos sombríos de esclavitud, de miedo e incertidumbre
a pesar de que Pinochet ha muerto hacen ya casi nueve años
y el arcoiris no brilla ni por su ausencia ni por su presencia
Los cincuenta pasos desde la esquina hasta la entrada de la casa
o el libro de como salir de la angustia escrita por un esquizofrénico
nada de eso se parecen a como fue en 1990,
el fuego en la cocina, la mesa completa, mis papás y mis hermanos...
En 2015, los deditos de mi hijo...