Dan_Z
Poeta recién llegado
Es ya casi noche, y tu cabellera dibuja, ahora,
sinuosas formas, arrugando indeleble, el viento.
Te sentí triste porque habían sido días
desde que no caminabas con la aurora
y seguramente,
habían regresado también, al universo tuyo
estos pasajes,
en dónde salías de casa
y navegabas por las calles en mi compañía,
nadábamos entre las luces que fracturaban
la oscuridad eterna
y bebíamos de la lluvia procedente de los labios nuestros.
Entonces los fotones nos recorrían
y entre pobreza,
te ofrecía la noche y los labios,
y los labios de la noche;
te ofrecía el etéreo céfiro
que te hablaba al cuello
y te silbaba melifluo al corazón del orgasmo;
te hacía conocerte desde tus cuatro fuerzas
y tus cuatro dimensiones.
Los latifundios y los barrios y los pueblos
y las casas y las habitaciones
me parecían ajenas
si a la presencia tuya no pertenecían.
Eras la vida y eras el duelo,
y eras el arte dulce del beso joven.
Yace mi piel muerta
ante la oquedad de una ventana viva, ahora,
y los versos luchan por salir
saciando a medias, la boca del alma
que no calla y se reprime.
Un viejo me ha ayudado a recordar
como escribir,
porque el sentir había quedado agotado,
haciéndome recordar aquella tarde
en donde el azar conspiró
en contra mía,
y me abrió tu beldad,
y me cerró el motivo
y el tiempo
y ajustó el clima
y me hizo perder la fe
en que tener fe, era lo correcto.
Es ya casi noche
y duermes hastiada,
ahora que tus cabellos bailan
a otros tempos, y la vida tuya
y la vida mía, y la vida nuestra,
busca huir del tiempo y la memoria.
sinuosas formas, arrugando indeleble, el viento.
Te sentí triste porque habían sido días
desde que no caminabas con la aurora
y seguramente,
habían regresado también, al universo tuyo
estos pasajes,
en dónde salías de casa
y navegabas por las calles en mi compañía,
nadábamos entre las luces que fracturaban
la oscuridad eterna
y bebíamos de la lluvia procedente de los labios nuestros.
Entonces los fotones nos recorrían
y entre pobreza,
te ofrecía la noche y los labios,
y los labios de la noche;
te ofrecía el etéreo céfiro
que te hablaba al cuello
y te silbaba melifluo al corazón del orgasmo;
te hacía conocerte desde tus cuatro fuerzas
y tus cuatro dimensiones.
Los latifundios y los barrios y los pueblos
y las casas y las habitaciones
me parecían ajenas
si a la presencia tuya no pertenecían.
Eras la vida y eras el duelo,
y eras el arte dulce del beso joven.
Yace mi piel muerta
ante la oquedad de una ventana viva, ahora,
y los versos luchan por salir
saciando a medias, la boca del alma
que no calla y se reprime.
Un viejo me ha ayudado a recordar
como escribir,
porque el sentir había quedado agotado,
haciéndome recordar aquella tarde
en donde el azar conspiró
en contra mía,
y me abrió tu beldad,
y me cerró el motivo
y el tiempo
y ajustó el clima
y me hizo perder la fe
en que tener fe, era lo correcto.
Es ya casi noche
y duermes hastiada,
ahora que tus cabellos bailan
a otros tempos, y la vida tuya
y la vida mía, y la vida nuestra,
busca huir del tiempo y la memoria.
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