Teo Moran
Poeta fiel al portal
Ya duermen las hojas del chopo
sobre la severidad del sendero,
sueñan con las caricias del viento
inertes en las oquedades del monte,
recuerdan a las golondrinas alegres
y a los barbos dormidos en el lecho,
a los corzos asustados en la ribera
cuando ellas eran fábulas en la rama,
brotes verdes en la coral del nogal.
Allí, en el cielo, una débil sombra,
enjuta, vigila las entrañas del bosque,
inánime en el aire describe círculos
y con su silencioso vuelo se lleva
el inflamado orgullo del roedor,
la envidia de los girasoles marchitos
junto a la desventura de mi corazón,
se lleva la sombra segada de la espiga
en un campo moribundo y agreste,
y observa tras las cumbres infinitas
la levedad de una tarde otoñal,
su aroma amargo sobre el horizonte.
A lo lejos llegan por entre agudos picos
las voces sonoras de la tormenta,
y el sol débil me rehúye tras las nubes
minimizado por las oscuras crestas,
solo es un vestigio indeleble
que hoy oculto duerme en las orillas
de un océano de apagadas luces,
mas siento el gozo de la lluvia
formar charcos en el camino,
pero hoy nadie espera a su llegada
bajo la tutela de una tarde otoñal,
solo queda la huella inacabada
de tallos vacíos y desnudos,
pétalos cobrizos ya sin vida,
notas ausentes en la coral del nogal,
un amor eterno que yace desnudo
y en tardes como ésta resplandece
en las cumbres oscuras del recuerdo.