Revolturas, el radio

Hejaran

Poeta asiduo al portal
REVOLTURAS, EL RADIO

Desde que vivo solo tengo un compañero que también parece estar en las mismas condiciones.

Unas veces me conversa y yo le pongo cuidado, otras se queda callado y cuando menos pienso lo oigo cantando, es el radio, que nunca tengo apagado.

Cuando llega el amanecer, que normalmente es la hora de acostarme, voy preparado para escuchar dos o tres noticias, todas muy interesantes, pero si me pregunto de qué se trataban no me acuerdo, puesto que estas las escuché mientras duermo.

Cuando empiezan las noticias parece que me las supiera, siento que alguien se quedó silencioso para que yo me durmiera.

Lo mismo sucede a la hora de la siesta que para mí es sagrada, la hago empiyamado y con el radio debajo de la almohada.

Cuando oscurezco la habitación, que más parece una cueva, lo único que se oye es el radio con un mínimo de volumen, como una guitarra nueva.

Qué dice, no lo sé, pero seguro lo estoy escuchando, aunque no haga ruido ni se escuche ni un ronquido.

Lo más seguro es que esté profundo y mi amigo el radio se quedó sin siesta, porque hay que trabajar y hasta el amanecer que nos volvemos a ver.

Una noche se dañó y amanecí de claro en claro; entonces quedé convencido de que sin este amigo estoy perdido, y ahora tengo dos para que conversen entre ambos mientras me quedo dormido.
 

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