Mike M.Ch.
Poeta fiel al portal
Sin ser sabio clarividente,
aquel sabía un futuro deceso,
el mensajero de muerte,
solo por unos cuantos pesos.
El estruendo de la metralla,
ensordece y aturde vecinos,
luego vuelve aparente calma,
dejando pocos mudos testigos.
Y la sangre en la banqueta,
distorsionando el atardecer,
cuán grande será la pena,
de aquella madre al saber.
Horas tirado en el pavimento,
se asume buscaran un culpable,
burla de autoridad hace poco menos,
otro ajuste de cuentas nada vio nadie.
Conduces y sientes algo,
porque jugaste a ser dios,
vas pensando en ese pago,
y cuanto valdrá tu ejecución.
El ingrato reclama recompensa,
en su labor nulos cielo o infierno,
no siente miedo ni vergüenza,
le importa nada el dolor ajeno.
Como lo más normal del mundo,
calles blasfemas otra cruz en acera,
aquí ninguna religión vale mucho,
dinero manda y a ese no se le reza…
aquel sabía un futuro deceso,
el mensajero de muerte,
solo por unos cuantos pesos.
El estruendo de la metralla,
ensordece y aturde vecinos,
luego vuelve aparente calma,
dejando pocos mudos testigos.
Y la sangre en la banqueta,
distorsionando el atardecer,
cuán grande será la pena,
de aquella madre al saber.
Horas tirado en el pavimento,
se asume buscaran un culpable,
burla de autoridad hace poco menos,
otro ajuste de cuentas nada vio nadie.
Conduces y sientes algo,
porque jugaste a ser dios,
vas pensando en ese pago,
y cuanto valdrá tu ejecución.
El ingrato reclama recompensa,
en su labor nulos cielo o infierno,
no siente miedo ni vergüenza,
le importa nada el dolor ajeno.
Como lo más normal del mundo,
calles blasfemas otra cruz en acera,
aquí ninguna religión vale mucho,
dinero manda y a ese no se le reza…