Frankos Roda
Poeta recién llegado
¡Ave, Hispania, duéleme que cuente
triste, doloso y harto de miseria
—lujo tiempo ha, Roma nombró Hesperia—,
Magro fluvius, soy... juro maldiciente!
¡Mira agreste gestó preñada fuente!...
Vierten, al poco, parvas de materia
fétidas, cual proclamas de difteria
—pobre si la grey, sacia en mi afluente—!
¡Ínclita la cloaca, hedonista,
mancha mi prez de gris-negro diverso,
calla la voz y venda cuanto avista!
Llora Euterpe: ¡Ay... nadas en hastío!...
Mueva al poeta lágrimas y verso,
firme, y a vivo impulso... ¡Salve, río!
Hesperia es el nombre con que los romanos posteriormente llamaron a Hispania.
El río Magro nace en la Sierra de Mira, en su corto recorrido (ciento y pocos km) recibe aguas residuales tratadas con depuradoras —aunque habría que ver su curso para opinar sobre lo que son o no aguas depuradas— de varias poblaciones hasta su desembocadura en el río Júcar.
triste, doloso y harto de miseria
—lujo tiempo ha, Roma nombró Hesperia—,
Magro fluvius, soy... juro maldiciente!
¡Mira agreste gestó preñada fuente!...
Vierten, al poco, parvas de materia
fétidas, cual proclamas de difteria
—pobre si la grey, sacia en mi afluente—!
¡Ínclita la cloaca, hedonista,
mancha mi prez de gris-negro diverso,
calla la voz y venda cuanto avista!
Llora Euterpe: ¡Ay... nadas en hastío!...
Mueva al poeta lágrimas y verso,
firme, y a vivo impulso... ¡Salve, río!
Hesperia es el nombre con que los romanos posteriormente llamaron a Hispania.
El río Magro nace en la Sierra de Mira, en su corto recorrido (ciento y pocos km) recibe aguas residuales tratadas con depuradoras —aunque habría que ver su curso para opinar sobre lo que son o no aguas depuradas— de varias poblaciones hasta su desembocadura en el río Júcar.