Francisco Redondo Benito
Moderador/enseñante del subforo de MÉTRICA y RIMA
Para Judit y Ramón
Glosa: Su función consiste, como dice el nombre, en glosar en estrofas un texto ajeno, ya existente, mediante su interpretación, paráfrasis o amplificación, por lo general, verso por verso. Rudolph Baehr Manual de versificación española.
Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino.
Por los ríos de Granada
Sólo reman los suspiros.
Federico García Lorca
Para las lonas al viento
dispone el Guadalquivir
soplo eterno con que henchir
las gavias a sotavento,
la mesana a barlovento,
- un trajín de trapo y tela,
y entrecruzarse de estela.
¡Sevilla de par en par!
Antesala de la mar
para los barcos de vela.
El río Guadalquivir:
un sahumerio de azahares,
un platear de olivares,
que al río contemplan ir
en su lento devenir,
en su discurrir cansino
hacia su amargo destino
de disolverse en la mar.
Abierto a su navegar,
Sevilla tiene un camino.
Dos ríos: Darro y Genil,
hijos del Sol y la Nieve,
del Mulhacén que se atreve
al blanco en el Sur gentil,
al hielo en el Sol cerril.
Agua abrupta, despeñada,
abatida, resbalada
que al cabo viene a morir
en llanto, puesto a fluir
por los ríos de Granada.
Por la Acera o por la Vega
el agua se vuelve mora
y es un surtidor que llora,
es una acequia que riega
o estanque en que se sosiega
Por ese agua en retiros,
zumo de estrella y zafiros
bajo la sombra agrupada,
por los ríos de Granada,
sólo reman los suspiros.
Glosa: Su función consiste, como dice el nombre, en glosar en estrofas un texto ajeno, ya existente, mediante su interpretación, paráfrasis o amplificación, por lo general, verso por verso. Rudolph Baehr Manual de versificación española.
Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino.
Por los ríos de Granada
Sólo reman los suspiros.
Federico García Lorca
Para las lonas al viento
dispone el Guadalquivir
soplo eterno con que henchir
las gavias a sotavento,
la mesana a barlovento,
- un trajín de trapo y tela,
y entrecruzarse de estela.
¡Sevilla de par en par!
Antesala de la mar
para los barcos de vela.
El río Guadalquivir:
un sahumerio de azahares,
un platear de olivares,
que al río contemplan ir
en su lento devenir,
en su discurrir cansino
hacia su amargo destino
de disolverse en la mar.
Abierto a su navegar,
Sevilla tiene un camino.
Dos ríos: Darro y Genil,
hijos del Sol y la Nieve,
del Mulhacén que se atreve
al blanco en el Sur gentil,
al hielo en el Sol cerril.
Agua abrupta, despeñada,
abatida, resbalada
que al cabo viene a morir
en llanto, puesto a fluir
por los ríos de Granada.
Por la Acera o por la Vega
el agua se vuelve mora
y es un surtidor que llora,
es una acequia que riega
o estanque en que se sosiega
Por ese agua en retiros,
zumo de estrella y zafiros
bajo la sombra agrupada,
por los ríos de Granada,
sólo reman los suspiros.
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