DIEGO
Poeta adicto al portal
Pasó el tiempo del dolor inagotable en el alma marchita de recuerdos, confundida con lágrimas espesas que no entienden porqués ni desdecuandos.
Pasaron los días temblorosos con sus noches de insomnios desvelados; quedaron cicatrices de heridas que cuentan nuestra historia.
No se está preparado a lo indecible cuando las alas recién cobran plumaje.
Y una lista de injusticias repetidas engorda nuestro arcón de sentimientos tardíos.
Sin embargo, nuestra invisible unión, que no conoce límites ni tiempo me ha premiado con esta maravilla de seguir creando cielos. De los que formo parte, y sin saberlo al principio y sin que ustedes lo sepan, he sembrado paraísos en la espera del reencuentro esperado.
Ha cambiado el estado de las cosas. Y créeme que es hermoso, indescriptiblemente hermoso como el poder acercarme cada día y acariciar a los que tanto amo.
Levanta madre de tanto en tanto tu mirada, que el índice del sol señala mi morada.
Pasaron los días temblorosos con sus noches de insomnios desvelados; quedaron cicatrices de heridas que cuentan nuestra historia.
No se está preparado a lo indecible cuando las alas recién cobran plumaje.
Y una lista de injusticias repetidas engorda nuestro arcón de sentimientos tardíos.
Sin embargo, nuestra invisible unión, que no conoce límites ni tiempo me ha premiado con esta maravilla de seguir creando cielos. De los que formo parte, y sin saberlo al principio y sin que ustedes lo sepan, he sembrado paraísos en la espera del reencuentro esperado.
Ha cambiado el estado de las cosas. Y créeme que es hermoso, indescriptiblemente hermoso como el poder acercarme cada día y acariciar a los que tanto amo.
Levanta madre de tanto en tanto tu mirada, que el índice del sol señala mi morada.