abcd
Poeta adicto al portal
Pedacito de nube,
el mundo y todo lo que vemos con las manos
tiene el color y el dolor de tus ojos.
Cuando entras al mismo aire que yo respiro,
el cielo se estira, se vuelve más alto,
tan alto que las palomas se detienen a respirar en tu sol ombligo,
tan largo que las rosas se contagian de otras rosas melancolías,
muy ajenas a las tuyas, y si, también muy ajenas a las mías,
y todo, todo,
absolutamente todo se convierte en una sola estrella cuando te vas.
Y si tu boca se sube a algún tren que tiembla de frío,
mi sombra se embruja y es una serpiente con fiebre,
entonces las medusas, las palabras
y los reptiles de la nostalgia en el pecho, salen,
y al salir, las cabezas de muchas estatuas se giran
porque vos, cuando seducís, haces bailar hasta las piedras.
Luces de otros planetas llegan a tus pies,
tus armas, que son besos rotos, reflejan atroces batallas.
Sangran los lunares de la luna
y tus pasos de gorrión matagigante
enternecen la noctámbula ambición del astro rey fueguino.
Vos, que das el infinito,
vos, que inventas infinitos al amar.
¿Qué haces siendo el sueño de un bosque en llamas?
Si yo miro y toco el desierto de tu alma
es solo para ser pluma, para que escribas con mis heridas
la historia mas triste y linda de tu vida.
Abrigado de recuerdos,
soy libre de otros encantos, de otros desencantos también.
Como ver la montaña de una virgen creciente,
como ser el cuarto menguante de unas alas descalzas.
Es que si vas ciega, y lenta, y humana,
te comerán las raíces aquellos que no adoran lo esencial,
es que si tenes tiempo para volar y bailar
tendrás aún más tiempo para callar,
para ser el nudo de la soga que no quiero admirar.
Tu cuerpo de gitanilla rubia,
tan blando y de ojos con flechas budistas,
tan señuelo de romances
y tan a la ofensiva por atravesar todos los minerales.
Tu cuerpo de flor en el pico de un pájaro asustado,
tu cuerpo que es diamante del cielo,
que es paisaje de armonía visual,
que habla con olas, que ríe con lluvias,
que es color del viento tibio,
que es un animal taciturno dormido en un edén de ropas.
Tu cuerpo que es pasto,
lágrima y delicada aventura de abeja en piel.
Porque tu sangre en los labios es el horizonte del amor.
A mi, a mi se me pierde el resto del mundo
cuando vos caminas invisible,
y es tu capacidad de renacer en mis arterias
lo que vuelve a mi vientre un artificio de tu cruz peligrosa.
Tu nariz es inocente de mis colmillos,
lo que tenes dentro de tus pechos
es un miedo tan altivo como silencioso.
Yo vivo por ser vida de tus muertes,
yo muero para que tu vida sea la mía.
Elemento de fuego son tus palabras
y tengo tanto frío en este espejo sin nadie.
Entonces camines, o vueles, o vayas arrastrándote,
haces que el tiempo se detenga
como instinto de una salvación ulterior al descanso de fingir pasividad.
Te cercas lejos, te alejas de cerca,
todo en vos es mortal y no puedes controlarlo.
Sucubus de apariencia noble,
tu belleza humilla al gran teatro del mundo.
Por vos la noche brilla como si hubiese un sol bajo tu remera,
por vos todo lo que se mastica tiene sabor a posible eternidad
Si hundo mi cabeza en los pies,
y miro de costado a las estrellas que viajan perdidas,
siempre la tuya reinara primero.
Y yo te lloro, porque a veces tu estrella viaja triste,
y es tan largo ese amanecer,
e igual, no me entran en la poesía
todas las historias que contaría para tu risa.
Tu histeria y tus malos hábitos,
tu andar distante y esquivo
es la interpretación lacaniana
de que el amor y el sexo no son complemento.
Porque tus gestos magnetizan el oro de todo espacio cerrado,
porque las lenguas de tu nombre al desnudo
te vuelven húmeda y seca al mismo tiempo.
Sin embargo, querida de sentimientos breves
vos y yo estamos adheridos a la misma música de piel.
Tu melodía de saltos de nena,
de gritos absurdos, de lirismo caótico en las pupilas,
tu melodía es la de un árbol que aprende a besar a las flores,
es una luz pequeña que se agiganta como un eco visual,
como una luna tatuada en la espalda del sol.
Si tuvieses ritmo y tus gritos no funcionasen contra los dragones del placer,
del trozo de misterio que mueve a los planetas
saldrían pétalos de tu voz para acunar a los amigos del alcohol.
Cuando te nombro siento que el pecho descansa,
ese aire que es tan fuerte al nombrarte,
es imposible de evadir, aunque corras rápido, aunque te duela mi voz
Son murallas de interpretación placeba,
mis constantes alabanzas a tu hermosura
dejan por escrito que sos constelaciones de inspiración.
Si doliera suspirar al imaginarte,
tal vez cuando vayas a cambiar las medias de la casa
se llenaría de canciones el triste corazón de otro culpable en eso de amarte.
¿Qué buscan los astros en tu garganta?
¿Qué vuelve al poeta tan básico en tu mirada?
¿Qué millón de forma adoptas al querer?
¿Qué hace a tus lágrimas un rayo láser de ternura?
Sos un signo de interrogación al viento,
porque lo que odias lo volves realidad,
y lo que amas, lo que deseas en la penumbra del idilio mental
se vuelve peor de lo que no había sido jamás.
Funerales y ocasos de gordas mal interpretaciones
inflan el palo pecho de esa raíz que tenías vos en mi.
Cuanto más crece el rencor menos importa la catarsis luminosa
que se refleja afuera, en lo que otros ven lo que yo soy de vos.
Cartas y azar en los ojos de las cosas
remarcan mi transparencia de vos,
que te vea desnuda en el tarro de café no te hace morena,
que te consuma en la sal, en el azúcar, en los condimentos anti mediocridad
no le da a mi boca el sabor de tus muelas.
Porque al abrir un libro abro tus piernas,
y al tirar la basura arrojo tus enojos,
porque si cierro la ventana te vuelves persiana
y si escribo acaricio tu espalda en el teclado.
Y es tan inútil no tener emblemas, ni islas,
no conocer el destino, ni el camino donde te cruzaré.
Sos el vacío que niega la sonrisa post cerveza
y el arcoiris que se antepone al vino de la melancolía,
porque en la contradicción esta nuestra afición por el desastre,
somos hermosos y hermanos y sangre y hambre.
Esos días que hace frío y te pienso,
sos playa y mis pies entran en un mar de flora y fauna nuevo,
me dejo mojar por tus miedos en cualquier falsa lluvia
y el nombre, y las palabras se me olvidan,
me vuelvo una especie de erizo que cambia de color con tu aire
y me contagio de desiertos inmateriales
solo para pensarte y que te sientas menos sola.
Si mi voluntad es la de un arlequín que ha perdido su risa,
mis deseos serán siempre un juego de niños sordos
que gritan y confabulan su histrionismo
con la arena de los oasis de cualquier plaza, en cualquier brisa.
Muertes y estigmas como banderas
llenan la atmósfera de todo vano presagio.
Se nutren los fantasmas, se comen los fantasmas en la cama
y si tuviésemos la necesidad de fluir
el aliento sería a carne y la hoja también sería de carne.
Es fabuloso conquistar metáforas en tu frente
aunque tu frente y mis versos se repitan en todo lo que me rodea.
El lenguaje de tu semilla sin mi verseo nunca va a poder brotar...
El anillo de aquel Dios que es música y licor
duerme en el beso de tu comisura izquierda,
las manos de las vírgenes que te cuidan
son estalagmitas en la cueva de mi salvación interior.
Ojala te protejan de las flores del cuello,
ojala los torbellinos que marean a las mujeres sin velo
se enreden en tu cabello y pierdan su vórtice en una ignición fenomenal.
Me pregunto si tus pasos ensordecen el cuerpo de la tierra
como cuando tus dedos tropiezan en mi estomago,
por accidente divino, por eclipse de frascos con necesidad de interactuar.
Me pregunto porque la vida me hizo mirar tus ojos
hasta desaparecer en ellos,
y porque mi corazón ahora solo pulsa
si tus latidos resuenan en algún cristal.
Tal vez por escéptico al credo de la rendición
es que ahora los espejos y las cámaras fotográficas te ocultan,
tal vez por defenderme de toda tu belleza
es que estoy hecho pedazos,
como si fuese un foco de luz incandescente
con el interruptor roto, con la vida afuera del cuarto en que no existo.
¿Qué sería de la nostalgia si no te hubiera conocido?
Imagino un escenario de almas muriéndose sin poder tocarse,
casi como ahora pero sin la esperanza de encontrarte allí sola y rendida de fingir.
Entonces tu boca es un cometa que olvida diarios y lágrimas,
y tu sensibilidad es un acoso de bóvedas en el pecho del pantalón
y te salvan los mutantes de la razón, con un porro de ciencia natural.
Hace tanto ruido en mi soledad cada vez que una paloma de vos se posa en mi cara,
que escucho el volar de las mariposas
y veo, y contemplo el sueño del celular, de las bíromes,
del papel en el suelo, del suelo en el papel,
y todo es nada, y en la nada eres todo lo que escucho y callo.
El día, la noche, los atardeceres y los amaneceres
se contagian de olvidos,
uno es tan autista del tiempo que contempla
que no se da cuenta de las cuentas que solo restan,
y suma, y vuelve a sumar fracasos.
El día, los espejismos de los secretos a voces
donde tu rostro es una pared de retóricas ambiciones.
Solo tus dos ojazos atraviesan las quimeras de ese tiempo ausente
de esa pared que todo lo abraza,
solo tu luciérnaga de material lacrimoso se ve serena en mi memoria.
Vos, sos el único tesoro que carece de valor,
porque perderte es encontrarte,
porque hallarte es saciar la sed de otras guerras sin muertes,
sin heridos de afecto.
Hay una estrategia inservible en rodear tu aura,
una colocación de souvenires placeres que es fuerza ensimismada
y corrupta, y de aproximación ligera,
por eso te subo y te aplaudo distante,
por eso no me afecta que tus alas se tiñan de rojo,
de verde o de lesbianas aspiraciones.
Detrás de todo este sentimentalismo absurdo,
los miedos y las burbujas literarias se vuelven alfileres,
se empiezan a tatuar moscas en la corteza cerebral
y lo realmente profundo es aterrizar con las manos en la espalda
casi sin respuestas, casi sin final para tocar.
Tus anatemas provienen de una majestuosidad distinta,
es anacrónico estimularse con los encantos de tus princesas dormidas,
quizás seas rusa, búlgara, eslovaca,
o quizás vengas de alguna cofradía insular de extraños seres con alma de rubíes,
no lo se, pero al verte se ven de barro todas las intenciones ajenas por perpetuarse
en el tiempo, en el espacio de lo antinatural.
Adormecida de la amargura social,
tus promiscuas insinuaciones por volar
detienen el esplendor teatral con que las mujeres se maquillan
y salen livianas a la espalda del sanar por sanar la soledad.