Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
En un portal de la calle,
está Manuel de Quijano,
tras enfundarse los guantes
coge un puñal en sus manos,
tras su aliento de botella,
tras el humo del tabaco,
azufre de un alma vieja,
alma muerta con los años.
Al fondo de la vereda,
viene un chulo repeinado,
que le canta a las farolas,
canciones de amor y llantos.
La difusa lontananza,
formada por el borracho,
va aumentando de tamaño,
a los ojos de Quijano.
-¡Dame todo lo que tengas!-
grita poderoso Quijano,
y haciendo brillar su puñal
cambia la cara del zángano.
-Lo gasté todo entre bragas-
musita el desamparado,
y sacando una navaja
encharca el suelo mojado.
Su cuerpo se desvanece,
mezcla de llanto y de grito,
desplomado en roja acera,
sin gloria ni remilgo .
En un portal de la calle,
está Manuel de Quijano,
con los gantes enfundados
y un puñal entre sus manos,
tras su aliento de botella,
tras el humo del tabaco,
se murió su alma negra,
alma muerta con los años.
está Manuel de Quijano,
tras enfundarse los guantes
coge un puñal en sus manos,
tras su aliento de botella,
tras el humo del tabaco,
azufre de un alma vieja,
alma muerta con los años.
Al fondo de la vereda,
viene un chulo repeinado,
que le canta a las farolas,
canciones de amor y llantos.
La difusa lontananza,
formada por el borracho,
va aumentando de tamaño,
a los ojos de Quijano.
-¡Dame todo lo que tengas!-
grita poderoso Quijano,
y haciendo brillar su puñal
cambia la cara del zángano.
-Lo gasté todo entre bragas-
musita el desamparado,
y sacando una navaja
encharca el suelo mojado.
Su cuerpo se desvanece,
mezcla de llanto y de grito,
desplomado en roja acera,
sin gloria ni remilgo .
En un portal de la calle,
está Manuel de Quijano,
con los gantes enfundados
y un puñal entre sus manos,
tras su aliento de botella,
tras el humo del tabaco,
se murió su alma negra,
alma muerta con los años.