Amor, astro sin tiempo que nace en lo escondido,
donde el alma se abisma, callada, en lo no dicho.
Eres fuego que arde sin causa ni medida,
viento que acaricia la raíz de la vida.
Tú das voz a la sombra, sentido al desvarío,
y haces que la lágrima se vuelva rocío.
En tu pecho reposa la flor de la esperanza,
y en tu soplo el abismo se torna alabanza.
Eres luz en el lodo, perfume en el espino,
manantial que brota del más hondo destino.
Cuando todo es ceniza, tú alientas la llama
que aún vive en el hueco donde el alma ama.
Oh amor, dulce abismo, vertiente sin medida,
llagas y milagros que sanan la herida.
A tu paso el tiempo se arrodilla y calla,
pues tú eres la espada que a nadie avasalla.
En tu piel se enredan los siglos y el ahora,
el alba más pura, la noche que implora.
Y aunque todo muera, tú sigues en pie,
como un dios que canta lo que nadie ve.
donde el alma se abisma, callada, en lo no dicho.
Eres fuego que arde sin causa ni medida,
viento que acaricia la raíz de la vida.
Tú das voz a la sombra, sentido al desvarío,
y haces que la lágrima se vuelva rocío.
En tu pecho reposa la flor de la esperanza,
y en tu soplo el abismo se torna alabanza.
Eres luz en el lodo, perfume en el espino,
manantial que brota del más hondo destino.
Cuando todo es ceniza, tú alientas la llama
que aún vive en el hueco donde el alma ama.
Oh amor, dulce abismo, vertiente sin medida,
llagas y milagros que sanan la herida.
A tu paso el tiempo se arrodilla y calla,
pues tú eres la espada que a nadie avasalla.
En tu piel se enredan los siglos y el ahora,
el alba más pura, la noche que implora.
Y aunque todo muera, tú sigues en pie,
como un dios que canta lo que nadie ve.