Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Ya que te quiero te miro y no tengo una espada
para arrancarte el corazón, sólo mi mirada.
Mi piel es cálida pero sobre la tuya arde,
por tanto no te acaricio porque te quiero viva.
Ay cariño mío que sobre los cielos te encuentro,
cantando entre las noches en altiva timidez, te amo.
Y por ello mi silencio de estrella y ojos de luna,
pues como la nocturna te hablo y no quiero perderte.
Junto contigo en esta vida y en futuras, sin tiempo,
sin distancia, mas a tu lado hoy hasta que la muerte.
Fuente eterna de besos perdidos mis labios, oh, mi Venus,
con tan solo un beso tuyo mil ángeles me envidiarían.
Cual el esclavo enamorado de Cleopatra,
perdido en la historia, en los libros, y en el corazón.
Hay cariños que no pueden ser enteramente expresados,
que quien lo hiciera, perecería eternamente antes del ocaso.
Caminamos juntos, mi amor, y no puedo tomarte de la mano,
¿justificaría mi placer y mi pasión la muerte y el crepúsculo?
El sol le pertenece al alma, siempre, y tú, cariño mío,
yaces dormida en el lecho de mi espíritu, soñando.
Oh, querida, ¿qué ves en mi pupila?, ¿a ti, o a mí?,
en el amanecer, un serafín de oro canta en nuestro honor.
Si esto es un sueño no quiero despertar,
mas tampoco quisiera si esto pesadilla fuera.
Aquí yazgo en la montaña, cual un águila fiel, solitario,
viendo a la belleza total, belleza absoluta, viéndote a ti.
Oh mi querida, llevo una brizna eterna en mi corazón,
baila y canta contigo en los ensueños, y cálidamente te sonríe.
Leve rocío en tu latente cae, reposa en su corona,
reina del amor, reina de mi amor; edifiquemos nuestro imperio.
Escribiré poesías en tu cuerpo con mis besos ya sea hoy,
mañana, pasado, o en la reencarnación que sea cuando sea.
No te perderé, te encontraré, como encuentra la princesa
sus flores en el vergel, con entusiasmo y serenidad.
La locura trova en noches de luna llena, junto a ti,
en aquellas noches eternas que estoy seguro contigo viviré.
De entre todas las musas del Olimpo, a ti te tomo, suave,
cual un hermoso sacro hálito me erizas, y te veo, te veo.
Frágil cual una bella copa de cristal persa, elegante sibarita
urbana de las bohemias más extrañas, permíteme beberte.
Ay hermosa, ay querida, cariño, amada, que en el ensueño
nuestras ánimas brinden con sangre a por nosotros, así sea.
Y que mi amor te acompañe por los mil caminos, aquí y siempre
y ahora y hasta siempre, que tú me miras y todo así lo sabes.
Mas la muerte jamás podrá arrebatarte mi corazón,
que duerme soñando en tus ojos, iris de fantasías, Amor.
para arrancarte el corazón, sólo mi mirada.
Mi piel es cálida pero sobre la tuya arde,
por tanto no te acaricio porque te quiero viva.
Ay cariño mío que sobre los cielos te encuentro,
cantando entre las noches en altiva timidez, te amo.
Y por ello mi silencio de estrella y ojos de luna,
pues como la nocturna te hablo y no quiero perderte.
Junto contigo en esta vida y en futuras, sin tiempo,
sin distancia, mas a tu lado hoy hasta que la muerte.
Fuente eterna de besos perdidos mis labios, oh, mi Venus,
con tan solo un beso tuyo mil ángeles me envidiarían.
Cual el esclavo enamorado de Cleopatra,
perdido en la historia, en los libros, y en el corazón.
Hay cariños que no pueden ser enteramente expresados,
que quien lo hiciera, perecería eternamente antes del ocaso.
Caminamos juntos, mi amor, y no puedo tomarte de la mano,
¿justificaría mi placer y mi pasión la muerte y el crepúsculo?
El sol le pertenece al alma, siempre, y tú, cariño mío,
yaces dormida en el lecho de mi espíritu, soñando.
Oh, querida, ¿qué ves en mi pupila?, ¿a ti, o a mí?,
en el amanecer, un serafín de oro canta en nuestro honor.
Si esto es un sueño no quiero despertar,
mas tampoco quisiera si esto pesadilla fuera.
Aquí yazgo en la montaña, cual un águila fiel, solitario,
viendo a la belleza total, belleza absoluta, viéndote a ti.
Oh mi querida, llevo una brizna eterna en mi corazón,
baila y canta contigo en los ensueños, y cálidamente te sonríe.
Leve rocío en tu latente cae, reposa en su corona,
reina del amor, reina de mi amor; edifiquemos nuestro imperio.
Escribiré poesías en tu cuerpo con mis besos ya sea hoy,
mañana, pasado, o en la reencarnación que sea cuando sea.
No te perderé, te encontraré, como encuentra la princesa
sus flores en el vergel, con entusiasmo y serenidad.
La locura trova en noches de luna llena, junto a ti,
en aquellas noches eternas que estoy seguro contigo viviré.
De entre todas las musas del Olimpo, a ti te tomo, suave,
cual un hermoso sacro hálito me erizas, y te veo, te veo.
Frágil cual una bella copa de cristal persa, elegante sibarita
urbana de las bohemias más extrañas, permíteme beberte.
Ay hermosa, ay querida, cariño, amada, que en el ensueño
nuestras ánimas brinden con sangre a por nosotros, así sea.
Y que mi amor te acompañe por los mil caminos, aquí y siempre
y ahora y hasta siempre, que tú me miras y todo así lo sabes.
Mas la muerte jamás podrá arrebatarte mi corazón,
que duerme soñando en tus ojos, iris de fantasías, Amor.