dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Debajo de aquel almendro
estaba su hija Lucinda
con el caballero Alonso
que le hacía compañía;
se encontraba ella a su lado
y con su cuerpo de niña
pegada estaba a su cuerpo
cuando la escarcha caía
en la noche de febrero
mientras la luna crecida
alumbraba a los amantes
y sus bocas que reían.
Estas palabras escribo,
estas mismas le decía
un sirviente a su señor
en una mañana fría.
Nada había de verdad
y sí mucho de mentira.
El padre, la ira en los ojos
manda que llamen a su hija
y le pide que le jure
sobre la Sagrada Biblia
que su cuerpo de doncella
no ha recibido mancilla.
La niña le dice, padre
yo te juro por mi vida
que doncella sigo siendo
y si no seré cautiva
en la torre de palacio
donde ni la luz habita.
Que lo que dices se cumpla
si esas palabras que gritas
te las ha dictado el diablo,
y tus ojos que me miran
en lo oscuro queden ciegos
y las sus cuencas vacías.
Padre, que yo no le miento,
nunca yo le mentiría
a quien en sus fuertes brazos
siendo niña me mecía.
El tiempo pasa y no para,
el otoño ya termina
y deja paso al invierno
que ennegrece las olivas
y el corazón del criado
carcomido es por la envidia
y prepara su venganza
como ave de rapiña.
Le dice, señor, le dice
ayer de nuevo una cita
tuvieron en el jardín
a la hora convenida,
cuando la reina, su madre
con usted estaba dormida,
cuando las negras tinieblas
tan solo brujas cobijan.
Señor, si la honra se pierde
toda la vida es perdida
pues para vivir con honor
la honra sí se precisa.
Dices bien responde el padre,
yo mejor no lo diría.
Señor, tan solo me mueve
la lealtad que me guía
pues lo mucho que le debo
mi persona nunca olvida.
Yo te lo sabré agradecer
con honores y justicia
y pagaré tus servicios
siempre en su justa medida
pues aunque abajo te encuentres
yo te subiré hasta arriba
y te daré cien ducados
y unas tierras en Sevilla.
Ya está el deseo cumplido,
ya la desconfianza anida
en el corazón del padre
que su caballo ya ensilla
y en busca de Don Alonso
toma el camino de arriba,
el que cruza por los bosques
donde las serpientes silban.
En su castillo lo encuentra
y allí mismo lo acuchilla
y le arranca el corazón
y se lo lleva a la niña
y le dice esto que traigo
para ti niña querida
es la vida de tu amante
que ya no verás con vida.
Seis días penando anduvo
y murió al séptimo día
y al caer al suelo muerta
al momento resucita
y dice ya se cumplió
lo que quería la insidia
de quien buscaba mi muerte
y de aquel que me quería.
Padre querido, qué poca
confianza me tenías
y qué poderosas lenguas
mi vida, padre, marchitan.
Vuelve la muerte a su rostro,
queda su cuerpo sin vida
y escucha una voz el rey
que le dice: Ya camina
su alma blanca de pureza
junto a la virgen divina,
los ángeles la rodean
y dentro de su alma miran
y encuentran solo palomas
de blancura cristalina.
La blanca verdad perece
ante la negra mentira
pero la maldad se paga
como se pierde la vida
y el criado pronto se ve
en manos de la justicia
de la que se sirve el padre
y la afilada cuchilla
de la segur del verdugo
que la cabeza le quita
para ponerla sangrando
en la punta de una pica.
Ya termino, que se queda
mi tintero ya sin tinta,
ya la tarde de febrero
a la noche se encamina.
Adiós señores, guardaos
del rencor y la perfidia.
Eladio Parreño Elías
12-Septiembre-2013
Última edición:
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