Mercedes Bou Ibáñez
Poeta recién llegado
De vampiros y vampiresas
.
Allá por el mes de abril
una noche tormentosa
de relámpagos y truenos,
al dirigirme a mi choza
vi que una figura gris
proyectaba en mí su sombra.
.
Casi me cagué de miedo,
soy bastante cobardona
y se me erizó la piel
al oír una voz ronca
que gritó fuerte; ¡detente,
quiero hablar contigo a solas!
.
Un hombre alto y muy delgado
con dientes como una morsa,
brillo maligno en sus ojos
y negras muy negras ropas,
tan negras como una fiesta
sin un gramo de farlopa.
.
Me dijo querer libar
de mi sangre un par de gotas,
chupándome en el cogote
bien sujeta por las corvas.
.
Sin pensármelo dos veces
así le dije al muy moñas;
pues de chupar te hartarás,
vente conmigo a la alcoba
y allí le podrás chupar
sin reparo y sin demora
a mi marido el cipote
y si quieres más… las bolas.
.
A veces meto la pata,
y no comprendo el porqué
con las tontadas que escribo,
no haya persona sensata
que me pegue un puntapié,
que sería de recibo,
por necia y por mentecata.