poetakabik
Poeta veterano en el portal
Vuela la vida en silencio
por la ventana entreabierta,
como paloma de sombra
que apenas roza la tierra.
Cruza los cuartos vacíos,
desordena las ideas,
y en los rincones del alma
enciende luces pequeñas.
Van desfilando los días
con su equipaje de niebla,
unos traen pan y caricias,
otros traen polvo y ausencias.
Yo los contemplo despacio,
sentado junto a la puerta,
como quien mira la lluvia
sin preguntar la respuesta.
Todo se va de las manos,
todo resbala y se aleja,
igual que el agua del río
que nunca vuelve a su senda.
Pero tu risa se queda
temblando como una estrella,
único fuego que alumbra
mi soledad más desierta.
Si cada instante es tan frágil,
si todo pasa y se quiebra,
ámame ahora, en presente,
como se abrazan las eras.
Que cuando llegue la noche
—última lámpara en vela—
pueda decirle a la vida:
«fui tuyo, y valió la pena».
Y así, ligero de cargas,
sin más verdad que la entrega,
dejaré abierta la casa
cuando la muerte me quiera.
por la ventana entreabierta,
como paloma de sombra
que apenas roza la tierra.
Cruza los cuartos vacíos,
desordena las ideas,
y en los rincones del alma
enciende luces pequeñas.
Van desfilando los días
con su equipaje de niebla,
unos traen pan y caricias,
otros traen polvo y ausencias.
Yo los contemplo despacio,
sentado junto a la puerta,
como quien mira la lluvia
sin preguntar la respuesta.
Todo se va de las manos,
todo resbala y se aleja,
igual que el agua del río
que nunca vuelve a su senda.
Pero tu risa se queda
temblando como una estrella,
único fuego que alumbra
mi soledad más desierta.
Si cada instante es tan frágil,
si todo pasa y se quiebra,
ámame ahora, en presente,
como se abrazan las eras.
Que cuando llegue la noche
—última lámpara en vela—
pueda decirle a la vida:
«fui tuyo, y valió la pena».
Y así, ligero de cargas,
sin más verdad que la entrega,
dejaré abierta la casa
cuando la muerte me quiera.
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