Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Estas coplas me las dio un peregrino
en pago por mi compañía,
por el bosque y su largo recorrido
hasta donde la luz se hace orilla.
Empezó diciendo que alguna vez, mucho antes
todas las flores tenías diversos colores
pero, que las rosas sólo eran blancas,
y que siempre fueron bellas.
El niño que se hizo príncipe de la pradera
visitaba el palacio con su padre,
llevando un cargamento de madera.
Y recorría el gran patio trasero sin prisa,
mientras descargaban y las bestias descansaban,
se asomó al balcón una hermosa niña
con sus cabellos de rayos de oro que trenzaban.
Desde aquel día acompañó a su padre
al castillo para poder ver a la doncella,
en pago a su constancia aparecía siempre ella
con su mirada que se iluminaba
Entonces su pecho se desgranaba
y esa visita se hizo más seguida y más fiel
Una noche la luna fue cómplice de una cita
entre la princesa y el hijo del carpintero,
la fragancia del acantilado y su brisa,
Se prometieron que al florecer las rosas
que él plantaría en su jardín,
ellos partirían a otras provincias.
Todos los días cuidaba de aquel rosal
el sol doraba sus hojas y la luna las bañaba de plata.
La brisa cruzó el prado en forma inusual,
la huida había sido descubierta por el rey;
y la princesa enviada al extranjero.
llegó el colibrí mensajero,
se silenciaron los geranios y los nardos,
las margaritas se deshojaron en llanto albo
se amontonaron los recuerdos.
Abrazándose a las rosas hasta herirse,
el vuelo de las golondrinas oscureció el aire,
el llanto de las gardenias se hizo rocío
y los pétalos de las rosas carmesí
el dolor se apoderó de la pradera,
hasta que apareció Cupido y el hada de los bosques
con la princesa de regreso se inició la primavera.
Desde esa fecha en todos los valles
habrán rosas de todos los colores,
incluido el escarlata
Así, cada vez que un enamorado
en una cuita se enoja
en recuerdo a lo pactado.
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