Rosendo
Poeta adicto al portal
Aquella mano que tocó la rosa,
la acarició con delicado tino,
y su semblante primoroso y fino
se deslizó con levedad sedosa.
Su candidez mostrábase graciosa
sobre el rocío fresco y cristalino,
que se posaba con fulgor divino
en la corola púrpura y hermosa.
Yo la miraba en el rosal cercano
y ante su piel, mis ansias clandestinas
la asemejaron con prodigio llano.
Supuse entonces , frente a mis retinas,
que en el jardín la primorosa mano,
era otra rosa sin tener espinas.