nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ajena a los resentidos alfileres
de la noche,
talló una rosa sus anhelos
sobre el tapiz prodigioso de su cielo,
vestida de belleza
y a pesar de sus espinas,
danzaba sobre los torreones del alba
levantando el ramo de sus virtudes.
El rocío, con alas de cristal,
arrancaba de su memoria los ángulos sombríos
rescatándola de las manos de la pena.
Aquella rosa se fundió en el viento
y engendrando sus deseos en cada lágrima,
echó a volar sus alabanzas
lavando así el murmullo de sus culpas.
Rosa y aíre unieron sus voces
rayando el horizonte y sus misterios
y cual aves blancas
en una explosión de claridad,
cayeron arrastradas por el destino
sobre los yacimientos insondables del amor.
NUNA.