Alejandro Leza
Poeta recién llegado
En soledad,
una rosa se rebela a los vientos,
mecen su esencia,
sobrevive,
quemada algunas veces de tanto llevar,
el favor de la luz que serena la cubre
día a día sin cesar.
Es una rosa valiente,
caprichosa algunas veces,
pero con fuerza para nunca llorar;
altiva como pocas,
fuerte como la roca
que una mano quiso tirar.
Agua que visita,
somera consorte que pocas veces,
el suelo mimosa
acaricia con su bendita humedad.
Rosa cubierta de cromas,
elegante a los ojos que siguen su andar,
ignorantes que lagrimas cobijan su alma,
y que a nadie ella deja mirar.
Rosa,
espinas que lánguidas custodian,
un corazón que a veces me odia,
¡No desfallezcas!
Sigue rezando en un cielo extraño,
que tarde o temprano
Los vientos cargados de un ocre mundano,
serán arrojados,
con desdén a un pasado lejano.
una rosa se rebela a los vientos,
mecen su esencia,
sobrevive,
quemada algunas veces de tanto llevar,
el favor de la luz que serena la cubre
día a día sin cesar.
Es una rosa valiente,
caprichosa algunas veces,
pero con fuerza para nunca llorar;
altiva como pocas,
fuerte como la roca
que una mano quiso tirar.
Agua que visita,
somera consorte que pocas veces,
el suelo mimosa
acaricia con su bendita humedad.
Rosa cubierta de cromas,
elegante a los ojos que siguen su andar,
ignorantes que lagrimas cobijan su alma,
y que a nadie ella deja mirar.
Rosa,
espinas que lánguidas custodian,
un corazón que a veces me odia,
¡No desfallezcas!
Sigue rezando en un cielo extraño,
que tarde o temprano
Los vientos cargados de un ocre mundano,
serán arrojados,
con desdén a un pasado lejano.