BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y a quién le importa
si yo no tengo rostro,
acaso, una lechuza de ojos
negros e inacabados,
un cárabo de apretadas
fauces, sea mi rostro,
y mi semblante.
Sí, yo no tengo rostro:
arrastro una penumbra
de caracoles en mitad
de un desierto de tierra,
en mitad de una anarquía
de huertas compungidas.
Soy la escuadra de un ciempiés
relajado, cóncavo, inverosímil,
al límite de la ignorancia.
Soy el silencio de un maestro
retirado en primaria, con tetas
de alabastro y pies de roedor.
©
si yo no tengo rostro,
acaso, una lechuza de ojos
negros e inacabados,
un cárabo de apretadas
fauces, sea mi rostro,
y mi semblante.
Sí, yo no tengo rostro:
arrastro una penumbra
de caracoles en mitad
de un desierto de tierra,
en mitad de una anarquía
de huertas compungidas.
Soy la escuadra de un ciempiés
relajado, cóncavo, inverosímil,
al límite de la ignorancia.
Soy el silencio de un maestro
retirado en primaria, con tetas
de alabastro y pies de roedor.
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