Enredada en el salón
sumisa y rota,
porque el esparto la obligó
a entrar por sus agujeros zafios,
la luz
brilla y llora.
Yo la observo quieta y silenciosa
queriéndola guardar para siempre
en mi ilusión.
Surge amarilla
tantas veces en mi memoria
que creo que vive aun,
como una diosa casera
adorada por los súbditos incultos,
por los pintores bohemios,
por las plantas rastreras…
Por tantos seres,
que la diosa se diluye sin quererlo
habitando en muchas vidas
sin ella saberlo.
La luz de antes,
la luz de ahora,
rota sin cesar
entre la sombra muda,
envolviendo los mismos minutos
de los días mas tiernos
de todos.
sumisa y rota,
porque el esparto la obligó
a entrar por sus agujeros zafios,
la luz
brilla y llora.
Yo la observo quieta y silenciosa
queriéndola guardar para siempre
en mi ilusión.
Surge amarilla
tantas veces en mi memoria
que creo que vive aun,
como una diosa casera
adorada por los súbditos incultos,
por los pintores bohemios,
por las plantas rastreras…
Por tantos seres,
que la diosa se diluye sin quererlo
habitando en muchas vidas
sin ella saberlo.
La luz de antes,
la luz de ahora,
rota sin cesar
entre la sombra muda,
envolviendo los mismos minutos
de los días mas tiernos
de todos.