Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mimetizando a los rinocerontes la confusa jauría
acudió en tropel; el matraquee dio sus malos frutos.
La población indiscriminada de tutsi, arreada hacia
las trampas finalizarán desmenbrados como peleles.
Hombrecillos esculpidos como tótems, violaciones
ex-profeso por doquier y en el barro desecado, harapos
cubriendo cuerpos descarnados y moscardones revoloteando.
La malsana alegría ha impuesto el juego siniestro del caos.
Parece un juego diabólico y lo es. Ni siquiera los mercenarios,
pueden concientizar el terror sembrado en todas partes.
Enquistados en la desaprensión y en la estúpida insania,
sólo podrían anularlos la hipótesis de una gran miedo.
Groseros hilos se han extendido en la selva ritual.
Muy cerca de las chozas se programaron conjuros en
las tribus ya mimetizadas en homínidos.
De nada sirve. Los matasietes se han cebado con la
masacre, los poderes discuten vanamente.
¿Y adónde quedó entonces la ternura ancestral de las
madres?
¿ Adónde sus escalofríos al parir hijos condenados?
¿ Alguién puede hacer algo? Un eco retumbó en la selva:
¡ Genocidio!
Una redoma de brujos puede evaporar la crueldad.
Al ascender las colinas el gentío que escapa de la
peor aflicción son vistos por los gorilas de los volcanes
en esa lenta evacuación por la rústicas cúspides del
Taringa.
acudió en tropel; el matraquee dio sus malos frutos.
La población indiscriminada de tutsi, arreada hacia
las trampas finalizarán desmenbrados como peleles.
Hombrecillos esculpidos como tótems, violaciones
ex-profeso por doquier y en el barro desecado, harapos
cubriendo cuerpos descarnados y moscardones revoloteando.
La malsana alegría ha impuesto el juego siniestro del caos.
Parece un juego diabólico y lo es. Ni siquiera los mercenarios,
pueden concientizar el terror sembrado en todas partes.
Enquistados en la desaprensión y en la estúpida insania,
sólo podrían anularlos la hipótesis de una gran miedo.
Groseros hilos se han extendido en la selva ritual.
Muy cerca de las chozas se programaron conjuros en
las tribus ya mimetizadas en homínidos.
De nada sirve. Los matasietes se han cebado con la
masacre, los poderes discuten vanamente.
¿Y adónde quedó entonces la ternura ancestral de las
madres?
¿ Adónde sus escalofríos al parir hijos condenados?
¿ Alguién puede hacer algo? Un eco retumbó en la selva:
¡ Genocidio!
Una redoma de brujos puede evaporar la crueldad.
Al ascender las colinas el gentío que escapa de la
peor aflicción son vistos por los gorilas de los volcanes
en esa lenta evacuación por la rústicas cúspides del
Taringa.
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