Grecia Fuentes
Poeta recién llegado
Si agudizo mis sentidos,
y percibo el ruido blanco,
puedo leer entre las líneas,
puedo habitar entre sus abismos.
Siendo amable con el miedo,
siendo musa del silencio,
el silencio de una insufrible flor,
el silencio de un viejo retrato.
No he olvidado que la nostalgia,
vuelve cada qué hay silencio,
no he olvido a esa niña;
que ha crecido dentro de mi espejo.
No he olvidado las palabras,
de una figura vieja y blanca,
“las puertas de la vida,
abren solo a través del corazón”.
Esperando el sueño nocturno,
donde nado en lo profundo,
de mis lagunas mentales,
buscando respuestas sobre el olvido.
Si este ruido blanco enmudece,
no es porque se haya ido realmente,
es porque el sueño por fin ha llegado
y los sueños, ¡vaya que ruido hacen!
y percibo el ruido blanco,
puedo leer entre las líneas,
puedo habitar entre sus abismos.
Siendo amable con el miedo,
siendo musa del silencio,
el silencio de una insufrible flor,
el silencio de un viejo retrato.
No he olvidado que la nostalgia,
vuelve cada qué hay silencio,
no he olvido a esa niña;
que ha crecido dentro de mi espejo.
No he olvidado las palabras,
de una figura vieja y blanca,
“las puertas de la vida,
abren solo a través del corazón”.
Esperando el sueño nocturno,
donde nado en lo profundo,
de mis lagunas mentales,
buscando respuestas sobre el olvido.
Si este ruido blanco enmudece,
no es porque se haya ido realmente,
es porque el sueño por fin ha llegado
y los sueños, ¡vaya que ruido hacen!
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