Darkshade
Poeta adicto al portal
odio el maldito ruido que procuran
los martillos y taladros usados para tal obra
ahí justo
al otro lado de la vida
veo a esos tipos, cuánta gracia,
con la cabeza metida en la construcción
no sé para quiénes edifican
si últimamente estamos todos pelando bola
los habrán, sí, con plata
otros tantos pendejos rogarán para conseguir una hipoteca
y luego no tendrán para pagarla, porque trabajo no hay,
y perderán aquellos pocos realitos que lograron tener sudando leches
al igual que el techo Años más tarde
les llegará la hora del trauma, del suicidio y todo aquello
odio esa mezcla de tacataca con pliqui-pliqui y rrrrrrrutututú-tutú
porque quiero escribir
algo más que una palabra
me siento, entonces,
delante de una hoja en blanco
me digo a mí misma se te acabaron los pretextos, imbécil
escribo odio y no logro seguir el hilo
tal vez sólo haya eso
odio
desprecio
y por ahí podría colgarme también
en busca de más sinónimos para llenar espacios
quizás también podría decir no te enfurezcas, ama
las emociones hacen del hombre un ser miserable
como decía ese tal Nietzsche, yo me sitúo más allá
escalo por encima de mi propio cráneo
hasta llegar al infierno mismo
(Zaratustra me enseñó cómo ascender hacia la profundidad;
bonita forma para referirse a un orgasmo)
soy humanista
no quiero matar a nadie ni hacer daño
lo que odio es el puto ruido que producen esos seres
la inconsistencia, a lo mejor, las injusticias
los gritos silentes del hombre acostumbrado y metamórfico (ese que cambia
para sentirse más a gusto como roca)
¡bah!
odio, escribo entonces, el maldito estruendo
porque me aleja de mi fin primero
¡Ja!, ¿me distrae?, ¿realmente me distrae?
¿Qué necesitas para escribir?, le pregunto al espejo
una hoja, un lápiz y comprometerte
porque el arte de hablar paja es todo tuyo
de repente asumo el cuerpo
y sólo escucho a mi propia nada
me ocupo del abismo del papel en blanco
y comienzo y sigo
me equivoco y sin dudar tacho y sigo
volteo a mi derecha por morbo
me enfrento, después de la ventana y del barrote,
cara a tronco con el árbol puesto justo en medio de la calle
¡ese cabrón sí que sabe de existencia!
cojo el mechero
un cigarro, me lo llevo a la boca y lo enciendo
sin quitarle la vista al árbol
que ni se inmuta ante el escándalo
él no busca justificaciones para dejar de hacer su trabajo
oxigenar a otros inútiles como uno
y ahí se queda tan erguido
responsablemente, mezclado con el mundo, saliendo de sí
mientras yo sigo acá inventando excusas
para no llegar al término de cualquier cosa
los martillos y taladros usados para tal obra
ahí justo
al otro lado de la vida
veo a esos tipos, cuánta gracia,
con la cabeza metida en la construcción
no sé para quiénes edifican
si últimamente estamos todos pelando bola
los habrán, sí, con plata
otros tantos pendejos rogarán para conseguir una hipoteca
y luego no tendrán para pagarla, porque trabajo no hay,
y perderán aquellos pocos realitos que lograron tener sudando leches
al igual que el techo Años más tarde
les llegará la hora del trauma, del suicidio y todo aquello
odio esa mezcla de tacataca con pliqui-pliqui y rrrrrrrutututú-tutú
porque quiero escribir
algo más que una palabra
me siento, entonces,
delante de una hoja en blanco
me digo a mí misma se te acabaron los pretextos, imbécil
escribo odio y no logro seguir el hilo
tal vez sólo haya eso
odio
desprecio
y por ahí podría colgarme también
en busca de más sinónimos para llenar espacios
quizás también podría decir no te enfurezcas, ama
las emociones hacen del hombre un ser miserable
como decía ese tal Nietzsche, yo me sitúo más allá
escalo por encima de mi propio cráneo
hasta llegar al infierno mismo
(Zaratustra me enseñó cómo ascender hacia la profundidad;
bonita forma para referirse a un orgasmo)
soy humanista
no quiero matar a nadie ni hacer daño
lo que odio es el puto ruido que producen esos seres
la inconsistencia, a lo mejor, las injusticias
los gritos silentes del hombre acostumbrado y metamórfico (ese que cambia
para sentirse más a gusto como roca)
¡bah!
odio, escribo entonces, el maldito estruendo
porque me aleja de mi fin primero
¡Ja!, ¿me distrae?, ¿realmente me distrae?
¿Qué necesitas para escribir?, le pregunto al espejo
una hoja, un lápiz y comprometerte
porque el arte de hablar paja es todo tuyo
de repente asumo el cuerpo
y sólo escucho a mi propia nada
me ocupo del abismo del papel en blanco
y comienzo y sigo
me equivoco y sin dudar tacho y sigo
volteo a mi derecha por morbo
me enfrento, después de la ventana y del barrote,
cara a tronco con el árbol puesto justo en medio de la calle
¡ese cabrón sí que sabe de existencia!
cojo el mechero
un cigarro, me lo llevo a la boca y lo enciendo
sin quitarle la vista al árbol
que ni se inmuta ante el escándalo
él no busca justificaciones para dejar de hacer su trabajo
oxigenar a otros inútiles como uno
y ahí se queda tan erguido
responsablemente, mezclado con el mundo, saliendo de sí
mientras yo sigo acá inventando excusas
para no llegar al término de cualquier cosa
::Ese ruido son los demonios que hacechan en tu mente y que quieren salir para deborar todo a su paso, pero asi es, los que vivimos en un túnel nos tropesamos con la minima piedra en el camino esa es la excuda perfecta para destilar el veneno que hierve en la sangre, quizas algún día por fin nos dejemos guiar por esa luz que siempre esta allí, pero nunca la seguimos por reveldia. ._.