Y tú, poeta lejano, percibes el verano, que no vino en vano, aquí, a la isla donde abunda el guano.
Ruidos de silencios, de las aves migratorias.
Murmullos y demencia, subidos a la noria.
Escarban en la oquedad de mi memoria.
Menos mal que voy camino Soria.
Lo escribo muy en serio: Contemplativo y en beaterio.
Pues no me jacto de obras, que son amores.
Yo no doblo la espina; para eso, están los mayores.
Yo solamente domino el monasterio.
Así, me abstraigo y, absorto, resuelvo el misterio.
¿ Qué he de hacer, si el agua me salpica ?
¿ Cómo actuar si los granos de pimienta, no muelo ?
¿ Por qué se me cae la tostada, untada de mantequilla,
al suelo ? ¿ Cómo es posible ? Oh, baldosas de barro cocido,
sucias e insensibles. Tendré que barrer, como Fray Escoba.
¡ Fray Escoba bendito, que yo sepa, este oficio de barrendero, no es delito !