Esta noche los pájaros del canto
despiden y se quedan levitando
en la leve llovizna que sosiega al estío.
Debajo de un tapiz de lejanías,
y en medio de una niebla
apenas moribunda,
llegan obnubilando
desde el último piso del diluvio
hasta la orilla alerta del insomnio.
Cuando el mar era piel
y el silencio era abrigo,
y adelante iba un verso
rodando por las vías,
cayéndose en las plazas,
y nada parecía que pudiera quedarse
sin mancharse de tinta.
Cuando supe de ti sin encontrarte,
y respiré tu brisa en el desierto...
He sido peregrino en mis zapatos
y me han dejado en paz las oficinas.
Se olvidaron de mí los arrabales,
las calles del ayer, las madreselvas,
las mesas del café, los bandoneones,
los besos que dejé por las esquinas.
Sin saber alejarme
me perdí en los esbozos
del mapa de los días,
rondando los albores de la risa...
Y en la arena aquel rumbo se hizo canto...
despiden y se quedan levitando
en la leve llovizna que sosiega al estío.
Debajo de un tapiz de lejanías,
y en medio de una niebla
apenas moribunda,
llegan obnubilando
desde el último piso del diluvio
hasta la orilla alerta del insomnio.
Cuando el mar era piel
y el silencio era abrigo,
y adelante iba un verso
rodando por las vías,
cayéndose en las plazas,
y nada parecía que pudiera quedarse
sin mancharse de tinta.
Cuando supe de ti sin encontrarte,
y respiré tu brisa en el desierto...
He sido peregrino en mis zapatos
y me han dejado en paz las oficinas.
Se olvidaron de mí los arrabales,
las calles del ayer, las madreselvas,
las mesas del café, los bandoneones,
los besos que dejé por las esquinas.
Sin saber alejarme
me perdí en los esbozos
del mapa de los días,
rondando los albores de la risa...
Y en la arena aquel rumbo se hizo canto...
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