Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Para Gia (Sandía)
De este lado, el azul es el mar
sin la extraña urgencia de la playa.
A plena luz es medianoche
cuando el sol da de lleno en las ventanas.
El mundo es una ciudad abierta
cuando el cielo es tempestad sobre Berlín.
Nos hallamos detenidos en la vida
que nos vive, pero, junto con nosotros,
el mundo se sale del tiempo por mi costado.
Yo sé de la soledad con sus bordes afilados,
pero, a la vez, tan frágil como un pétalo de lluvia,
que vino a mí un febrero manuscrito,
una muerte de hielo azul con su cadáver,
aún temblando como el más frio de los inviernos,
y efervescentes flores. También sé del amor
y su proceso, con sus peces de colores y el cosquilleo
de cascabeles, como un estreno en Broadway.
Vuelvo a hablar contigo, y te reconozco
con todos mis sentidos, recuerdo tu piel tan blanca
bajo el vestido, tus ojos grises, sonriendo con tristeza,
y tu pulsera de monedas a las que te gustaba llamar
pequeñas lunas. Yo pensaba que eran runas
entrechocando y haciendo su magia.
Fue el único instante en que me sentí eterno,
y el mundo se agigantó después.
De este lado, el azul es el mar
sin la extraña urgencia de la playa.
A plena luz es medianoche
cuando el sol da de lleno en las ventanas.
El mundo es una ciudad abierta
cuando el cielo es tempestad sobre Berlín.
Nos hallamos detenidos en la vida
que nos vive, pero, junto con nosotros,
el mundo se sale del tiempo por mi costado.
Yo sé de la soledad con sus bordes afilados,
pero, a la vez, tan frágil como un pétalo de lluvia,
que vino a mí un febrero manuscrito,
una muerte de hielo azul con su cadáver,
aún temblando como el más frio de los inviernos,
y efervescentes flores. También sé del amor
y su proceso, con sus peces de colores y el cosquilleo
de cascabeles, como un estreno en Broadway.
Vuelvo a hablar contigo, y te reconozco
con todos mis sentidos, recuerdo tu piel tan blanca
bajo el vestido, tus ojos grises, sonriendo con tristeza,
y tu pulsera de monedas a las que te gustaba llamar
pequeñas lunas. Yo pensaba que eran runas
entrechocando y haciendo su magia.
Fue el único instante en que me sentí eterno,
y el mundo se agigantó después.