Rutina.

VICSAM

Poeta recién llegado
Naturaleza y Rutina. -vicsam-

Un día lluvioso de mayo,
a la décima hora de la mañana,
caminé hacia la luz difusa,
que se filtraba por la ventana;
al otro lado el viento
desprendía una a una
las coloridas hojas de los frondosos
Árboles del Ámbar, que
por decenios vivían en el patio de
nuestra casa.

En una escena sublime,
el dúo de árboles, entrelazaban
desesperados sus tentáculos,
protegiéndose mutuamente,
en un abrazo eterno
resistiendo el embate de
las corrientes de aire que
una vez más despojaba sus hojas,
y los dejaba desnudos llorando
los recuerdos pasados.

Sesenta y siete ayeres
bajo el sol abrasador,
el dúo de Liquidámbar,
jubilosos entrelazaban sus ramas
cargadas de hojas amarillas,
rojos y burdeos, y
se mecían abrazados,
en una danza de amor,
al compás de las notas
musicales del viento suave,
veraniego de Peralillo,
viviendo intensamente
los momentos, porque
se avecinaba el otoño,
que troncharía sus hojas
y no podrían fundirse,
tocarse y besarse, pese
a seguir juntos y amarse,
pues se venía el invierno,
que empalaba sus
ramas desnudas,
huesos y ropajes,
con truenos,
agua y hielos,
llevándose el viento
el amor y los recuerdos.

La celestial despedida
de este dúo frondoso,
que han vivido juntos
una vida plena de amor,
que por efecto del ciclo natural
y rutinario de los solsticios
y equinoccios, se ven
obligados a invernar
sus quereres,
hizo saltar en mi pecho,
este corazón que está lleno
de amor, hacia esa mujer
que dormía apacible en
la cama, y suavemente
desahogué mis culpas,
por esconder bajo mi capa,
y no gritar en cada momento
que tú eres mi vida,
mi ensueño
y mi último aliento:

Ya no le digo a tu oído,
que te quiero,
que tu piel me desfallece,
que tus olores me cautivan,
y no traigo flores a tu mesa.
Olvide los cariños y atenciones,
que el tiempo da, por cierto,
sin que salga de mi puerto,
signos manifiestos del amor,
sublime que por ti siento.

No sé cuándo,
el sentimiento del amor,
dejó la lumbre y
dio paso a la costumbre,
quedando lejos relegado,
el cariño manifiesto,
los te quiero,
los besos y caricias,
signos vivos del amor ,
que late cantando,
tu nombre, adentro
de mi cuerpo.


Los te quiero ahora
susurran solo al tiempo,
durmiendo bajo
un manto de silencios,
surgiendo repentina
la rutina paulatina,
inundando cada esquina
con haceres y deberes,
relegando los quereres,
los cariños y placeres,
alimentando el amor
solo en los cumpleaños
y en los días
especiales del anuario.

La armonía y sinergia
que encendía el corazón
cada día, en una chispa
de tiempo se durmió,
durmió también, la
ternura y mi voz en tu oído,
susurrando la dulzura que
causa en mi alma tu estampa,
imagen tuya viva, que alimenta
mi alma y da la vida al
torrente rojo, que fluye
por mi cuerpo inspirando
bellas palabras cariñosas,
que mantienen cristalino,
el amor que por ti siento,
alimento diario y epicentro,
de esta unión
y nuestros cuerpos.

Tu piel y mi cuerpo
dieron, por cierto
que el universo, que
nuestra unión creo
en el firmamento,
era sello verdadero
y suficiente para
mantener colmado
de colores y sabores,
ese amor que un día
juramos y nos prometimos,
alimentar diariamente,
para que el manantial,
estuviera colmado de
sabores, fragancias y
esperanzas.


Mujer de mi vida
compañera de mi alma,
eres mi luz de hoy
y todos los mañanas,
eres el aire que oxigena
mi cuerpo, solo tú
me das la energía vital
y necesaria.
Eres el agua que colma
mi sed y hace florecer,
esa fuerza misteriosa,
que anida en mi corazón
y que estalla en mil
amores por ti mujer,
cuando mis manos,
acarician tus cabellos y
laboriosas recorren tu piel,
y mis labios temblorosos
buscan su boca y
sedoso cuello,
en un rito mágico de amor.

La niebla y la rutina
paulatina, fue cubriendo
incluso la cocina,
olvidando alimentar
el corazón,
manantial maravilloso,
de donde sale el amor.

No sé cuando,
el rosado del amor,
el rojo de pasión,
y el azul de la paz
y la felicidad,
se durmió en
las imágenes
colgadas en las
paredes de la casa,
y es el computador
quien con sus fondos
de pantalla
recuerda cada mañana
que eres tú, a quien
mi corazón ama.


Al mediodía
las sorpresas que
hacían diferente
los momentos y cada día,
se fueron con ligereza,
dando escaño a la costumbre,
guardando en la maleta
los piropos, los halagos,
el coqueteo sensual,
las caricias y
los pequeños detalles,
que mantienen vivo
el amor y la pasión.


Oh rutina paulatina,
que has hecho
en nuestras vidas,
has llenado de silencios
y enmudecidos nuestros cuerpos,
cautivando el corazón,
empañando el rojo del amor.

Amor mío,
romperé las rutinas, y
avivaré la antorcha eterna
que arde consumiendo
mi pecho…
Haré de cada instante
un mundo nuevo,
llenaré de rosas tu vida,
y cada mañana traeré
mariposas a tu ventana,
y por la tarde te regalaré,
resplandores de colores,
iluminando tus noches
con mil te quiero,
recuperando el ensueño
de aquellos días de silencios,
cuando a pesar de morir por ti,
te privé de cantarle a tu oído
que tú eres la mujer de mi vida
y de mis sueños.

Te amo,
nunca he dejado de amarte,
no ha sido desamor,
solo omisión por la
rutina paulatina
que hace tanto daño
al corazón, manantial lleno
de soles rojo, donde
anida y crece el amor.
 
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