Ziler
Poeta recién llegado
En el frío de la mañana, la nostalgia me despierta susurrando. Fantasmas del pasado regresan en mis sueños de resaca, deambulando en mi cabeza hasta dejarla en una pesadilla de caricias de mentira.
Escribir me hace regresar a mis verdades, que son casas vacías con silencios sepulcrales, donde sombras me agradecen por mi ritual de despedida, vistiéndome con melancolías pasadas mientras desayuno tu presencia, que se quedó en mi taza de café.
El mismo parque donde crecimos me recibe con preguntas sobre ella, esperando que redacte las heridas que se quedaron incompletas en un ayer. Yo solo les narro la historia de nuestro destino, que después de años solo me dejó tristeza y una inevitable soledad.
Ya la muerte me despide con su misa vacía, donde voces sin rostro corean las canciones que sonaron en tu entierro. Entre blasfemias de versos mudos se quedan mis rencores, guardados en el alma y en este hermoso paisaje nocturno que embellece la violencia de mi maldita ciudad.
Escribir me hace regresar a mis verdades, que son casas vacías con silencios sepulcrales, donde sombras me agradecen por mi ritual de despedida, vistiéndome con melancolías pasadas mientras desayuno tu presencia, que se quedó en mi taza de café.
El mismo parque donde crecimos me recibe con preguntas sobre ella, esperando que redacte las heridas que se quedaron incompletas en un ayer. Yo solo les narro la historia de nuestro destino, que después de años solo me dejó tristeza y una inevitable soledad.
Ya la muerte me despide con su misa vacía, donde voces sin rostro corean las canciones que sonaron en tu entierro. Entre blasfemias de versos mudos se quedan mis rencores, guardados en el alma y en este hermoso paisaje nocturno que embellece la violencia de mi maldita ciudad.