Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya no me revuelvo en
escarolas de encaje roto
ni tampoco me pregunto
cuando te iba a pasear la
carroza, tampoco pienso en
ti con maldad y nihilismo
sólo pienso en ti ahora.
En como le hablarás
a las sillas sin madera
en como te sentará la
luz de la escalera, en esos
domingos solitarios que secos
te vienen a la cabeza.
¿Sabes Antonia?
Ni siquiera he querido poner
a Mozart para matarte, ni
prenderte en fuego con velas
y se ha ido ese pensamiento
opaco del ''hubiera''. Todo por que
nunca te hice daño y a tu
diferencia, sería ilógico quererte
como también lo sería odiarte
y Antonia ya tu nombre
no me resuena vaciado de
sustancias cerebrales
por que he pasado al otro lado
del arcoiris hecho con pieles
de gigantes.
Te vi un día lejano cuando iba
yo de camino al super mercado
en un coche viejo y amarillo
y tú estabas paseando entre
el césped y el ojal de tu botón
y en todos lados caían gotas
de algodón y colillas de cigarro.
No tengo nada tuyo ni nada
que me recuerde el tiempo
a tu lado, por que tu guarida
se ha vuelto de otros y esos
otros la han acribillado, la han
dejado sin techo, sin lemas
sin oscuridades patéticas
que tú y yo hicimos nuestro
espacio.
Y hoy al gnomo lo han insultado
y yo recuerdo de tus palabras
poco de tu ropa, poco de ti
de ti Antonia.
¿Sabes Antonia? Olvidé tus
patrones y tus moldes, los
escurrí con pus y lodo en la alacena
y se hicieron entonces ratones
que lamían las vaginas de las
sirvientas.
Por que en nuestro haber
hubo bufones con pintas
de rameras, hubo hechiceras
con facha de cantineras, hubo
señoras de dos con pinta de ser
de tres, en nuestro caminar con
la bestia, hubo criaturas normales
y esotéricas, esas mismas de las grietas
sin saber, donde adivinabas el futuro
y olías sus pasos cada vez.
''María de los Ángeles'' te llamaba él
que toda tu jodida vida la pasaste
hablando horrores y escupiendo
serpentinas, hasta cuando fuimos
a comprar el anillo retacado de
alejandrinas. Me quitaste las alas
no la piel, me quitaste la infancia
pero no el poder.
¿Tú sabes algo? Que ya no tengo
guardado el albúm que hicimos
con desperdicios de palomas
ni el collar a base de venas rotas
ni el vaso de aluminio que saco
vidrios cortantes y me cortó
y me asustó, cuando encontré
tu cabeza en el armario.
Pero tú nunca serías una Irene
ni una Raquel, ni una María queriendo
ser Inés.
Tú serías Antonia, la chica del cabello
lacio y largo, mucho más que la princesa
maldita del cuento aquel, tendrías dos
picos en la espalda y otro lo guardarías
en un anaquel.
¿Sabes algo Antonia?
Se te acaba el tiempo del
reloj de sol, se te acabó el
mueble atascado de fervor
y tu cuadro con el rey, se ha
dañado y lo tiraron hoy, Antonia
del pasado, más no del hoy.
escarolas de encaje roto
ni tampoco me pregunto
cuando te iba a pasear la
carroza, tampoco pienso en
ti con maldad y nihilismo
sólo pienso en ti ahora.
En como le hablarás
a las sillas sin madera
en como te sentará la
luz de la escalera, en esos
domingos solitarios que secos
te vienen a la cabeza.
¿Sabes Antonia?
Ni siquiera he querido poner
a Mozart para matarte, ni
prenderte en fuego con velas
y se ha ido ese pensamiento
opaco del ''hubiera''. Todo por que
nunca te hice daño y a tu
diferencia, sería ilógico quererte
como también lo sería odiarte
y Antonia ya tu nombre
no me resuena vaciado de
sustancias cerebrales
por que he pasado al otro lado
del arcoiris hecho con pieles
de gigantes.
Te vi un día lejano cuando iba
yo de camino al super mercado
en un coche viejo y amarillo
y tú estabas paseando entre
el césped y el ojal de tu botón
y en todos lados caían gotas
de algodón y colillas de cigarro.
No tengo nada tuyo ni nada
que me recuerde el tiempo
a tu lado, por que tu guarida
se ha vuelto de otros y esos
otros la han acribillado, la han
dejado sin techo, sin lemas
sin oscuridades patéticas
que tú y yo hicimos nuestro
espacio.
Y hoy al gnomo lo han insultado
y yo recuerdo de tus palabras
poco de tu ropa, poco de ti
de ti Antonia.
¿Sabes Antonia? Olvidé tus
patrones y tus moldes, los
escurrí con pus y lodo en la alacena
y se hicieron entonces ratones
que lamían las vaginas de las
sirvientas.
Por que en nuestro haber
hubo bufones con pintas
de rameras, hubo hechiceras
con facha de cantineras, hubo
señoras de dos con pinta de ser
de tres, en nuestro caminar con
la bestia, hubo criaturas normales
y esotéricas, esas mismas de las grietas
sin saber, donde adivinabas el futuro
y olías sus pasos cada vez.
''María de los Ángeles'' te llamaba él
que toda tu jodida vida la pasaste
hablando horrores y escupiendo
serpentinas, hasta cuando fuimos
a comprar el anillo retacado de
alejandrinas. Me quitaste las alas
no la piel, me quitaste la infancia
pero no el poder.
¿Tú sabes algo? Que ya no tengo
guardado el albúm que hicimos
con desperdicios de palomas
ni el collar a base de venas rotas
ni el vaso de aluminio que saco
vidrios cortantes y me cortó
y me asustó, cuando encontré
tu cabeza en el armario.
Pero tú nunca serías una Irene
ni una Raquel, ni una María queriendo
ser Inés.
Tú serías Antonia, la chica del cabello
lacio y largo, mucho más que la princesa
maldita del cuento aquel, tendrías dos
picos en la espalda y otro lo guardarías
en un anaquel.
¿Sabes algo Antonia?
Se te acaba el tiempo del
reloj de sol, se te acabó el
mueble atascado de fervor
y tu cuadro con el rey, se ha
dañado y lo tiraron hoy, Antonia
del pasado, más no del hoy.