Allan Ochoa
Poeta recién llegado
Estoy entrando en un saco donde no quepo,
mis brazos y espalda caben, pero ya no encajo;
mantiene mi aroma, cabellos y amor,
es el saco de un hombre lleno de temor.
Reviso el bolsillo y me topo recuerdos;
un encendedor, una pluma y medio corazón:
Nunca fumé pero siempre lo llevé por si me pedían fuego. Se agotó la chispa.
Siempre escribí lo que sentía con tanta honestidad. Se quedó sin tinta.
La mitad fue lo que quedó de tanto repartirlo. Lo recuperé.
Salgo con él, el día es nublado y llueve nostalgia.
Todos están saludando, pero no me saludan a mí.
Regreso a casa y lo vuelvo a guardar;
no quiero dejarlo, venderlo ni tirarlo. Perderlo.
Pero ese no es mi saco. Ya no más.
mis brazos y espalda caben, pero ya no encajo;
mantiene mi aroma, cabellos y amor,
es el saco de un hombre lleno de temor.
Reviso el bolsillo y me topo recuerdos;
un encendedor, una pluma y medio corazón:
Nunca fumé pero siempre lo llevé por si me pedían fuego. Se agotó la chispa.
Siempre escribí lo que sentía con tanta honestidad. Se quedó sin tinta.
La mitad fue lo que quedó de tanto repartirlo. Lo recuperé.
Salgo con él, el día es nublado y llueve nostalgia.
Todos están saludando, pero no me saludan a mí.
Regreso a casa y lo vuelvo a guardar;
no quiero dejarlo, venderlo ni tirarlo. Perderlo.
Pero ese no es mi saco. Ya no más.