Sinuhé
Poeta adicto al portal
Algún día no seremos lo que somos,
y llegaremos quizás, seguramente
al consecuente refugio de la espera.
Los mismos cuadros en la misma pared,
talvez mirando, a otros tristes inquilinos de miseria.
Así es amor, ya no podremos despertar;
únicamente quedará en este inútil hospital, la sangre.
La misma vida que hace sufrir las mismas flores,
acabará llevándose tus ojos.
Al conocido campo aquel, donde descansan las cosas;
donde la única y absoluta verdad es,
perfectamente conocida.
Huirá entonces el Ángel,
aquel que en olvidadas noches llamó
diciendo ven: ésta es la rosa,
aquí, siéntate y mira.
Ahora se irá la vagabunda tarde,
con la certeza del recordado amor.
La verdad de la muerte, caminante llevándola al silencio;
extrañando talvez la claridad,
las únicas luciérnagas en temblorosas noches;
mínimos animalitos en salas de espera.
Cómo amo ya no ser;
amo la frecuente, la permanente desazón de un dios,
caminando con la cabeza entre mis manos;
llegando al único lugar donde seré feliz.
Para el camino guarda, escóndeme en tu cartera;
llévame, y cuelga mi triste voz con los pañuelos.
Anda -mientras tanto-
mientras seamos dolor, mientras seamos soledad...
......
.....
....
...
..
.
y llegaremos quizás, seguramente
al consecuente refugio de la espera.
Los mismos cuadros en la misma pared,
talvez mirando, a otros tristes inquilinos de miseria.
Así es amor, ya no podremos despertar;
únicamente quedará en este inútil hospital, la sangre.
La misma vida que hace sufrir las mismas flores,
acabará llevándose tus ojos.
Al conocido campo aquel, donde descansan las cosas;
donde la única y absoluta verdad es,
perfectamente conocida.
Huirá entonces el Ángel,
aquel que en olvidadas noches llamó
diciendo ven: ésta es la rosa,
aquí, siéntate y mira.
Ahora se irá la vagabunda tarde,
con la certeza del recordado amor.
La verdad de la muerte, caminante llevándola al silencio;
extrañando talvez la claridad,
las únicas luciérnagas en temblorosas noches;
mínimos animalitos en salas de espera.
Cómo amo ya no ser;
amo la frecuente, la permanente desazón de un dios,
caminando con la cabeza entre mis manos;
llegando al único lugar donde seré feliz.
Para el camino guarda, escóndeme en tu cartera;
llévame, y cuelga mi triste voz con los pañuelos.
Anda -mientras tanto-
mientras seamos dolor, mientras seamos soledad...
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