salmuera de mi boca en vegetales púbicos

El Févy

Poeta recién llegado
Silencio de silla reclinada por el cansancio
de tu espalda tendida en la levedad
sobre el viento de los espasmos del medio día,
día expandido por entre
la angustia de tu piel quebrada de ausencias labiales,
matizándote cobriza en la lejana vorágine del
del recuerdo de tu color natural perpetuado
en recónditas estelas de gravedades insostenibles
expulsándose a la vida chica de tu virginal muerte grande,
abnegada muerte grande. Sin muerte real,
recargada en levedad, sin muerte real,
sobre viento, el viento de los espasmos del medio día.

Repletas rendijas por palabras saciadas de mentira.

Salmuera de mi boca curtiendo trocitos de pubis vegetal:
mosto de vino negro, uva caída de lejana viña ajena, frondosa,
táctil, curtida de otras bocas. Ahora en salmuera de mi boca, vacíate.

Aún pensando, sin remediar lo concebido, mostrando cordura:
sonido de naranja exprimiendo labios de mano terrosa
en vaso opaco, vítreo, donde viertes miradas presas de deseo
aprisionante de sabores cítricos de mis líquidos ojos yertos
entre tus senos prensiles, y nada aún.

Mírate en el reflejo que proyectas
de tus errores de mujer constrictora del amor.
Ese reflejo va caminando en la asfixia de tus deseos
amarrándole el cuello sujetos al cadalso de tu inadvertencia.

Caerás mujer errada, el cadalso no se rompe,
el silencio se come a sí en tu piel de rendijas
saciada de mentiras, rota piel saciada.

Caerás degollada, junto a los deseos, sin que tu cabeza reclame
ni uno solo de tus pestañeos nocturnos en sueños
de mí con abrigo de ceda onírica
poseyéndote sin el permiso de tus miedos y sabotajes.

¿sabes? desde que intento amarte, te perteneces más,
penetras más en selva herida de lanza de ego insatisfecho,
en puerta carnal de corazón débil, diablesino, débil.

Le dueles aún a las promesas, quemadas
en el cerro de la antorcha novísima, oceánisticas, sensibles
del ego penetrado: dardo eréctil, vino duro, pudoroso cobarde.
Le dueles a ti en busca de contacto de amor aparente, provocado.

El silencio de la silla se desgaja dándote cuenta de tu improvisada
desventura provocada.
Reclamas amor que intuye: ignoto.
¡Busca en tu intuición! y dile que te despierte de tu muerte:
hasta que te des al dar.
 
Silencio de silla reclinada por el cansancio
de tu espalda tendida en la levedad
sobre el viento de los espasmos del medio día,
día expandido por entre
la angustia de tu piel quebrada de ausencias labiales,
matizándote cobriza en la lejana vorágine del
del recuerdo de tu color natural perpetuado
en recónditas estelas de gravedades insostenibles
expulsándose a la vida chica de tu virginal muerte grande,
abnegada muerte grande. Sin muerte real,
recargada en levedad, sin muerte real,
sobre viento, el viento de los espasmos del medio día.

Repletas rendijas por palabras saciadas de mentira.

Salmuera de mi boca curtiendo trocitos de pubis vegetal:
mosto de vino negro, uva caída de lejana viña ajena, frondosa,
táctil, curtida de otras bocas. Ahora en salmuera de mi boca, vacíate.

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