Frankos Roda
Poeta recién llegado
¡Salve Iberia, vetusta mercenaria!
La sangre derramada de tu gente
recorren del Ocaso hasta el Naciente
la ker negra montuosa y esteparia.
¡Salve Hispania, de Roma, legionaria!
No hay cima ni atalaya, castro o fuerte
que arrostre a tus guerreros, vida a muerte,
en fama desde el Ponto hasta la Galia.
¡Salve, senda Augusta de hueste y carro!
Holladas desde conios hasta celtas
—del cántabro terror, furor ilirio—,
embisten tus falcatas y tus peltas.
Relatan tus hazañas y delirio
Estrabo y los latinos Livio y Varro.
La sangre derramada de tu gente
recorren del Ocaso hasta el Naciente
la ker negra montuosa y esteparia.
¡Salve Hispania, de Roma, legionaria!
No hay cima ni atalaya, castro o fuerte
que arrostre a tus guerreros, vida a muerte,
en fama desde el Ponto hasta la Galia.
¡Salve, senda Augusta de hueste y carro!
Holladas desde conios hasta celtas
—del cántabro terror, furor ilirio—,
embisten tus falcatas y tus peltas.
Relatan tus hazañas y delirio
Estrabo y los latinos Livio y Varro.
En la antigüedad habían dos Iberias, una en el espacio que más o menos ocupa la actual república de Georgia, en el Mar Negro, y otra en gran parte de España, principalmente por su zona sur y este. Existe una gran lista de etnias prerromanas, romanas y post-romanas citadas principalmente por cronistas griegos y romanos en el pasado histórico de la península Ibérica y sus islas.