noé mesías
Poeta asiduo al portal
SANTA LUCIA Y SU MONTAÑA MÁGICA

El hermoso pueblo de Santa Lucia se encuentra ubicado en un rincón de la sierra ecuatoriana. La iglesia y el parque con sus plantas y flores adornan el centro del pueblo. Al lado occidental se encuentra la montaña mágica, muy verde con todo su esplendor, la flora y la fauna del bosque dan más vida a las personas que suben hasta allí.
Matías y Alberto son dos niños muy amigos. Ellos viven en Santa Lucia, sus casas están juntas y van a la misma escuela.
Ha finalizado el año escolar y Matías y Alberto están de vacaciones. A ellos después de comer les gusta subir a la montaña a jugar. La tarde está muy hermosa, hace un lindo sol que penetra rayitos de luz debajo de los árboles, están muy entretenidos corriendo sobre la hierba, escondiendo tras los árboles y contando los animales silvestres que logran ver. Cuando sin darse cuenta caen en un agujero, se han golpeado la cabeza y quedan inconscientes. Después de algunos minutos despierta Matías, no tiene ninguna fractura solo está un poco mareado. Alberto sigue inconsciente, se acerca y lo despierta, él tampoco tiene fracturas.
¡No sé quién soy!- Dice Alberto.
Mucho me temo que yo tampoco.- Contesta Matías.
Han caído en una cueva y está muy oscura. Una pequeña luz se ve a lo lejos, caminan hacia ella y encuentran la salida de la cueva que da al bosque, están perdidos y no saben cómo regresar a sus casas. Los animales silvestres que los encuentran no se espantan con la presencia de ellos, más bien les saludan.
_ Buenas tardes.- Les saludan una manada de conejos.
_ ¿Nos hablan a nosotros?- Se preguntan los amigos.
_ ¡Sí, a ustedes!- Les vuelven a repetir los conejos.
_ ¡Hay va, nos entienden los conejos!- Dice Matías.
_ Sí, y nosotros también a ellos.- Contesta Alberto.
Siguen caminando y se encuentran con un par de venados, también les saludan.
_ Hola colegas, el lobo anda cerca tendrán cuidado.
_ ¿Qué? A nosotros no nos preocupa el lobo.- Contestan los amigos.
_ ¡Bueno! Y a ellos que les pasa.- Van conversando los venados.
Han caminado mucho están cansados y tienen sed. Y miran que un riachuelo pasa cerca y van a beber, el agua está limpia y cristalina que se reflejan sus cuerpos como en un espejo.
Matías._ ¡Hay va, si somos venados! Y… el lobo viene hacia nosotros.
Alberto._ Tenemos que escondernos, rápido.- Desde el escondite observan como el lobo camina muy de prisa y va olfateando a la tierra como si siguiera el rastro de su alimento. Matías y Alberto permanecen en silencio hasta que el lobo desaparece a lo lejos. Se ha marchado ya no hay peligro y deciden salir del escondite, pero con cierto temor. Ahora ya tienen miedo al lobo.
Matías._ Ahora que haremos, ya me está dando hambre.- Y regresa a ver a Alberto que se queda un poco rezagado y lo encuentra comiendo. ¿Estás comiendo hierba?
Alberto._ Sí, y está buena ¿quieres un poco?
Matías._ No sé, no me gusta la ensalada y la hierba menos, pero tengo mucha hambre que probaré, aannnn, no está mal creo que comeré, pero solo un poco.
Los dos amigos venados empiezan a caminar por el bosque como otros animales más, buscando hierbas que sepan más sabrosas y escondiendo de los animales carnívoros. Ya no piensan en volver a sus casas.
Ahora ya les contesta el saludo de los demás animales.
_ Hola venados.- Saludan los conejos que vienen de regreso.
_ Hola conejos, ¿podemos ir con vosotros?- Contestan los amigos.
_ Bueno, pero nosotros nos estamos dirigiendo a nuestras casas para dormir, porque ya llega la noche.
_ Y nosotros podemos dormir en sus casas.
_ No van a caber, nuestras madrigueras son pequeñas.
_ Entonces tendremos que buscar un refugio. Adiós conejos.
_ Adiós venados, tendrán cuidado con el lobo, parece que todavía no ha cenado.
Alberto._ ¿Y ahora donde dormiremos?
Matías._ En el rincón donde nos escondimos cuando vino el lobo, parecía un bonito lugar para dormir, vamos para allá.
Alberto._ ¿No será peligroso?
Matías._ No creo que el lobo conozca ese lugar.- Entran en ese rincón y empiezan hacer la cama con ramas, no se percatan que el lobo los está siguiendo. Cuando ya van a acostarse observan al lobo que está acercándose, están atrapados y no hay salida, el lobo les enseña los colmillos puntiagudos y las uñas afiladas, “gaarrr”.
_ ¡Es nuestro fin, seremos devorados por el lobo como unos débiles venados!
Cuando el lobo les va a dar su primer zarpazo.
_ Auxilio.- Gritan los dos amigos... Y en ese momento.
Matías, Alberto, despierten, ¿están bien?- Los padres de los niños al ver que ya es muy tarde y no regresan han subido a la montaña en busca y los encuentran dormidos en la cueva donde han caído. Los despiertan justo cuando iban a ser devorado por el lobo.
Padres._ ¿Qué les ha pasado?
Matías._ Estábamos corriendo y creo que hemos caído en la cueva y… Entonces solo son pesadillas.
Padres._ Menos mal que están bien.
Alberto._ Y ya no somos animales.
Padres._ ¿Qué dicen niños?
Matías y Alberto._ Nada nada, solo ha sido un sueño, vámonos a casa que tenemos mucha hambre.
Matías y Alberto siguen siendo muy buenos amigos y siempre que se encuentran recuerdan la historia de la montaña mágica.
Noé Navas Lascano. Santa Lucia, 12 / 05 / 2012
Este cuento está dedicado a Matías Navas, mi primer nieto. Por lo mucho que te quiero y por los miles de kilómetros que nos separan y no puedo abrazarte.

El hermoso pueblo de Santa Lucia se encuentra ubicado en un rincón de la sierra ecuatoriana. La iglesia y el parque con sus plantas y flores adornan el centro del pueblo. Al lado occidental se encuentra la montaña mágica, muy verde con todo su esplendor, la flora y la fauna del bosque dan más vida a las personas que suben hasta allí.
Matías y Alberto son dos niños muy amigos. Ellos viven en Santa Lucia, sus casas están juntas y van a la misma escuela.
Ha finalizado el año escolar y Matías y Alberto están de vacaciones. A ellos después de comer les gusta subir a la montaña a jugar. La tarde está muy hermosa, hace un lindo sol que penetra rayitos de luz debajo de los árboles, están muy entretenidos corriendo sobre la hierba, escondiendo tras los árboles y contando los animales silvestres que logran ver. Cuando sin darse cuenta caen en un agujero, se han golpeado la cabeza y quedan inconscientes. Después de algunos minutos despierta Matías, no tiene ninguna fractura solo está un poco mareado. Alberto sigue inconsciente, se acerca y lo despierta, él tampoco tiene fracturas.
¡No sé quién soy!- Dice Alberto.
Mucho me temo que yo tampoco.- Contesta Matías.
Han caído en una cueva y está muy oscura. Una pequeña luz se ve a lo lejos, caminan hacia ella y encuentran la salida de la cueva que da al bosque, están perdidos y no saben cómo regresar a sus casas. Los animales silvestres que los encuentran no se espantan con la presencia de ellos, más bien les saludan.
_ Buenas tardes.- Les saludan una manada de conejos.
_ ¿Nos hablan a nosotros?- Se preguntan los amigos.
_ ¡Sí, a ustedes!- Les vuelven a repetir los conejos.
_ ¡Hay va, nos entienden los conejos!- Dice Matías.
_ Sí, y nosotros también a ellos.- Contesta Alberto.
Siguen caminando y se encuentran con un par de venados, también les saludan.
_ Hola colegas, el lobo anda cerca tendrán cuidado.
_ ¿Qué? A nosotros no nos preocupa el lobo.- Contestan los amigos.
_ ¡Bueno! Y a ellos que les pasa.- Van conversando los venados.
Han caminado mucho están cansados y tienen sed. Y miran que un riachuelo pasa cerca y van a beber, el agua está limpia y cristalina que se reflejan sus cuerpos como en un espejo.
Matías._ ¡Hay va, si somos venados! Y… el lobo viene hacia nosotros.
Alberto._ Tenemos que escondernos, rápido.- Desde el escondite observan como el lobo camina muy de prisa y va olfateando a la tierra como si siguiera el rastro de su alimento. Matías y Alberto permanecen en silencio hasta que el lobo desaparece a lo lejos. Se ha marchado ya no hay peligro y deciden salir del escondite, pero con cierto temor. Ahora ya tienen miedo al lobo.
Matías._ Ahora que haremos, ya me está dando hambre.- Y regresa a ver a Alberto que se queda un poco rezagado y lo encuentra comiendo. ¿Estás comiendo hierba?
Alberto._ Sí, y está buena ¿quieres un poco?
Matías._ No sé, no me gusta la ensalada y la hierba menos, pero tengo mucha hambre que probaré, aannnn, no está mal creo que comeré, pero solo un poco.
Los dos amigos venados empiezan a caminar por el bosque como otros animales más, buscando hierbas que sepan más sabrosas y escondiendo de los animales carnívoros. Ya no piensan en volver a sus casas.
Ahora ya les contesta el saludo de los demás animales.
_ Hola venados.- Saludan los conejos que vienen de regreso.
_ Hola conejos, ¿podemos ir con vosotros?- Contestan los amigos.
_ Bueno, pero nosotros nos estamos dirigiendo a nuestras casas para dormir, porque ya llega la noche.
_ Y nosotros podemos dormir en sus casas.
_ No van a caber, nuestras madrigueras son pequeñas.
_ Entonces tendremos que buscar un refugio. Adiós conejos.
_ Adiós venados, tendrán cuidado con el lobo, parece que todavía no ha cenado.
Alberto._ ¿Y ahora donde dormiremos?
Matías._ En el rincón donde nos escondimos cuando vino el lobo, parecía un bonito lugar para dormir, vamos para allá.
Alberto._ ¿No será peligroso?
Matías._ No creo que el lobo conozca ese lugar.- Entran en ese rincón y empiezan hacer la cama con ramas, no se percatan que el lobo los está siguiendo. Cuando ya van a acostarse observan al lobo que está acercándose, están atrapados y no hay salida, el lobo les enseña los colmillos puntiagudos y las uñas afiladas, “gaarrr”.
_ ¡Es nuestro fin, seremos devorados por el lobo como unos débiles venados!
Cuando el lobo les va a dar su primer zarpazo.
_ Auxilio.- Gritan los dos amigos... Y en ese momento.
Matías, Alberto, despierten, ¿están bien?- Los padres de los niños al ver que ya es muy tarde y no regresan han subido a la montaña en busca y los encuentran dormidos en la cueva donde han caído. Los despiertan justo cuando iban a ser devorado por el lobo.
Padres._ ¿Qué les ha pasado?
Matías._ Estábamos corriendo y creo que hemos caído en la cueva y… Entonces solo son pesadillas.
Padres._ Menos mal que están bien.
Alberto._ Y ya no somos animales.
Padres._ ¿Qué dicen niños?
Matías y Alberto._ Nada nada, solo ha sido un sueño, vámonos a casa que tenemos mucha hambre.
Matías y Alberto siguen siendo muy buenos amigos y siempre que se encuentran recuerdan la historia de la montaña mágica.
Noé Navas Lascano. Santa Lucia, 12 / 05 / 2012
Este cuento está dedicado a Matías Navas, mi primer nieto. Por lo mucho que te quiero y por los miles de kilómetros que nos separan y no puedo abrazarte.
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