BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo santifico la suciedad
lo que digo y lo que expreso
lo que, a media verdad, queda
impreso en el tintero,
y esa mentira horrible
y aquel tiro en la frente.
Yo santifico lo que no digo
lo que se expresa y lo inexpresable,
lo que acaece y sólo detrás de imperdonables
biombos,
con secuencias de verbos o en ellos instruidos,
santifico, bendigo la hermosura de los cuerpos;
su saciedad de besos, la lluvia de sus brazos.
Esto que siento, lo que percibo,
lo bendigo y lo magnifico, santificando
todo aquello que toco y que hago y que digo;
todo lo que me aburre y me produce tedio
voy y lo santifico, como tú deberías de hacerlo.
Lo peor y lo mejor, si es que existen, en mi
cerebro juegan su partida, hasta retirarse, cual
velo de bruma sobre los pinos. Flotan
los paisajes de mis abrumadores anhelos,
y se comunican los criminales en mí y también
los santos, si existen.
Esta gran ruindad, el perdón, la miseria,
hacia mí los atraigo, los seduzco, los parapeto.
Lo que no siento también santifico, lo que no ocurrirá,
lo que ocurrió quizás, y lo hermoso de lo idealizado
y no transcurrido, esa araña convulsa del sexo
que acaricia y convalece a mi lado.
©
lo que digo y lo que expreso
lo que, a media verdad, queda
impreso en el tintero,
y esa mentira horrible
y aquel tiro en la frente.
Yo santifico lo que no digo
lo que se expresa y lo inexpresable,
lo que acaece y sólo detrás de imperdonables
biombos,
con secuencias de verbos o en ellos instruidos,
santifico, bendigo la hermosura de los cuerpos;
su saciedad de besos, la lluvia de sus brazos.
Esto que siento, lo que percibo,
lo bendigo y lo magnifico, santificando
todo aquello que toco y que hago y que digo;
todo lo que me aburre y me produce tedio
voy y lo santifico, como tú deberías de hacerlo.
Lo peor y lo mejor, si es que existen, en mi
cerebro juegan su partida, hasta retirarse, cual
velo de bruma sobre los pinos. Flotan
los paisajes de mis abrumadores anhelos,
y se comunican los criminales en mí y también
los santos, si existen.
Esta gran ruindad, el perdón, la miseria,
hacia mí los atraigo, los seduzco, los parapeto.
Lo que no siento también santifico, lo que no ocurrirá,
lo que ocurrió quizás, y lo hermoso de lo idealizado
y no transcurrido, esa araña convulsa del sexo
que acaricia y convalece a mi lado.
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