Confiada de la vida que profesa,
insumisa del resto de la gente
cuando ladra sus pasiones
por defender lo que tiene.
Todo lo mío es suyo en propiedad,
pero si se lo pido me lo cede,
como pago sólo exige
un te tengo y un me tienes.
Con su mirada de soslayo, altiva,
la esquina de un segundo es suficiente
para correr a mi encuentro,
para vivir el presente.
"Guau, guau me dice, guau", y yo la escucho;
¡vamos! le digo, ¡venga!, y me sorprende
verla a mi sombra pegada,
creo que lee mi mente.
Un deseo expresado con los ojos,
una emoción que entiendo y que ella entiende,
un collar con dos extremos;
pienso que tuvimos suerte.