Aldous Merlot
Poeta recién llegado
Un cuerpo sublime posa en la tenue luz de luna, sus pecas llamadas estrellas forman constelaciones, que retratan quimeras de una pálida eternidad, ahogada en los ojos de un soñador, que sin saber de la felicidad pretende ser feliz y sin saber de tiempo pretende vivir en un suspiro; que majestuosa la flor que retoña cuando todos duermen, que sutil es la belleza que se esconde en un mundo de invidentes, que sabias las palabras que se ocultan en labios cerrados y mentes abiertas, que banales los murmullos calientes en pieles tan frías, que efímeras las promesas que no pueden ser cumplidas y que inocentes nosotros al querernos en fragmentos.
Que realidad tan atropelladora la de tus labios carmesí, me recuerdan la vitalidad de mi malgastada juventud y la fragilidad con la que la muerte nos vende una vida, que solo refleja la ironía de la existencia. Las vicisitudes toman asiento para tocar la puerta, pero solamente logro escuchar tu voz con carácter impertérrito que no me dejan claudicar ante mis penas, entre la penumbra, repito sin cesar, que la valentía es la virtud del creyente.
Que realidad tan atropelladora la de tus labios carmesí, me recuerdan la vitalidad de mi malgastada juventud y la fragilidad con la que la muerte nos vende una vida, que solo refleja la ironía de la existencia. Las vicisitudes toman asiento para tocar la puerta, pero solamente logro escuchar tu voz con carácter impertérrito que no me dejan claudicar ante mis penas, entre la penumbra, repito sin cesar, que la valentía es la virtud del creyente.