KOVAC
Poeta recién llegado
SE CIERRA UN CÍRCULO VICIOSO.
La voluntad de una bombilla
digiere de tu pelo rubio
el negro contenido
en el interior de las sombras,
descubre en una esquina
tus bragas deformadas
por la resaca excesiva
de dos horas de oscuridad
-rescata de tu mirada
la retórica indomable
de la pasión-.
La soledad acumulada
por tardes vacías de tacto
deja en herencia el sudor
en el milimétrico poro.
Nuestra única referencia
es el norte que perdimos
buscándonos de este a oeste,
dejando en el milimétrico poro
constancia de que tenemos lengua
y es húmeda.
Detrás de la nube de polvo
huele a misterio caducado,
el humo febril se marcha
a conquistar la paz de otras alcobas.
Y mi boca es una balsa a la deriva
y mi memoria inmediata
indecente, el viento que me sopla
hacia islas desiertas habitadas
de agravios comparativos.
Esos segundos de convalecencia
en que las paredes nos miran
como quien mira en el horizonte
al sol que parece pensar
horrorizado si quedarse o no…
pero se va.
Son minutos de un silencio de luto
por haber matado la alegría
de estar follando los dos.
Y me acerco a cerrar el círculo vicioso
y te beso como preguntándote
si has sabido leer en todo esto
mi afán por abonar de puntos suspensivos
a este largo etcétera.
La voluntad de una bombilla
digiere de tu pelo rubio
el negro contenido
en el interior de las sombras,
descubre en una esquina
tus bragas deformadas
por la resaca excesiva
de dos horas de oscuridad
-rescata de tu mirada
la retórica indomable
de la pasión-.
La soledad acumulada
por tardes vacías de tacto
deja en herencia el sudor
en el milimétrico poro.
Nuestra única referencia
es el norte que perdimos
buscándonos de este a oeste,
dejando en el milimétrico poro
constancia de que tenemos lengua
y es húmeda.
Detrás de la nube de polvo
huele a misterio caducado,
el humo febril se marcha
a conquistar la paz de otras alcobas.
Y mi boca es una balsa a la deriva
y mi memoria inmediata
indecente, el viento que me sopla
hacia islas desiertas habitadas
de agravios comparativos.
Esos segundos de convalecencia
en que las paredes nos miran
como quien mira en el horizonte
al sol que parece pensar
horrorizado si quedarse o no…
pero se va.
Son minutos de un silencio de luto
por haber matado la alegría
de estar follando los dos.
Y me acerco a cerrar el círculo vicioso
y te beso como preguntándote
si has sabido leer en todo esto
mi afán por abonar de puntos suspensivos
a este largo etcétera.
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