Se disuelve el amor

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Todo se disuelve en el alcohol, como los recuerdos que se deshacen al fondo del vaso, entre el eco de risas lejanas y canciones que ya no tienen dueño. El primer sorbo es dulce, engañoso, como las primeras promesas de un amor que parecía eterno. Pero el amor, igual que el alcohol, arde al descender, consume desde dentro, borra las fronteras entre lo que fue real y lo que fue deseo.

Te busqué entre la espuma de las copas, en cada brindis vacío, en el roce frío del cristal que nunca tuvo la calidez de tu piel. El tiempo se enreda con el licor, y de pronto no sé si fueron tus labios los que me quemaron o si solo fue el whisky bajando lento por mi garganta. En cada trago intento borrar tu nombre, pero se queda, como una mancha, persistente y amarga.

Julio diría que uno bebe para acercarse a las grietas de la realidad, para entender el desconcierto que deja el amor cuando se va, y yo no puedo evitar pensar en cómo, en el fondo de este vaso, se esconden todas las respuestas que nunca tuve. El alcohol fluye como los recuerdos, desordenado, difuso, se cuela por las rendijas del olvido y, a veces, en la bruma etílica, me parece verte danzando entre sombras, riéndote de este naufragio emocional en el que me dejaste.

Todo se disuelve, lentamente. El dolor pierde filo, los bordes se suavizan, la noche se vuelve menos hostil. En algún momento, entre los últimos tragos, llego a la certeza: no es el alcohol lo que olvida, soy yo, aferrado al olvido como quien se aferra al borde de una mesa tambaleante. Pero, al final, siempre queda el poso, esa esencia inescapable de todo lo que fue.

Se disuelve el amor, pero no el dolor de haberlo perdido.
 

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