sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se durmió la estrella,
cayó en su copla,
se volvieron sus cenizas,
se disolvieron en el aire de los encuentros,
se volvió su aroma en besos,
ardieron sus cielos con sus lágrimas.
Bailes de rimas en miniaturas,
se hicieron sus vientos en el silencio,
se anclaron sus letras en un manantial de seda.
Se durmió la estrella,
¿pero era su amor la caída de su puño y letra?
así era el cielo en su nombre,
se cayeron sus palabras
por el puente de sus amaneceres,
el amor era de espuma cruzada
una con la otra.
Espuma aromatizada entre besos,
se ceñían sus labios hacia el encuentro,
se convirtieron los risueños pasadizos
en los ojos de una noche entera,
así se hicieron los templos nocturnos
con el latido de un corazón enmascarado,
así se hicieron los túneles
más allá de la desenredada oscuridad,
se encontraba su puerta hacia otro Bing Bang de los sueños,
dormida estaba la estrella,
pero que hermosa era su pupila,
como su luz protegida,
pero que hermosa era la estrella,
que a mi mirada conquistaba,
el universo era verso,
sus fantasías eran como besos,
besos del aire luminoso,
palabras que eran tesoros del alba,
el alba secuestrado entre las señales del romanticismo,
allí era donde el amor se hacia de otra palabra,
porque esa estrella dormía,
y yo con ella me enamoraba,
porque allí en el paraíso edificado de espiritualidad,
yo quería ser su acoplo,
quería ser el espacio infinito,
como el sol calentando su adrenalina,
para crear más estrellas dormidas,
pero a la vez románticas y protegidas,
y la pregunta de porque dormían,
su respuesta era porque las noches habían soñado
y ahora con el poema escrito,
a las mañanas habían protegido,
al ver al alba seducido,
ese lucero al cual siempre habían bendecido.
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