Se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca

SorGalim

Poeta que considera el portal su segunda casa
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SE ESCONDIÓ DE MI FUEGO,
PREFIRIÓ LA VENTISCA




Buscaba la pasión y el amor se asustó,
se escondió sin disculpas, imitó a patrañeros
y aunque me vio angustiada, cuentero entre cuenteros,
las razones del tiempo nunca las relató.

Vi a Hermes que en mi espejo vacuidad reflejó,
con la Afrodita madre que lloraba por Eros;
vi al Boreas pedante de arrastrar compañeros
hacia el viento del norte. Y el amor congeló.

Fue sabio como un viejo, como un niño gracioso,
las mil y una noches en un cuerpo otoñal
y escribió sus historias con limo y arenisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

II

Del uno hasta el cuarenta tras el árbol sagrado,
conté fantaseando que fuera travesura,
mi corazón dio el grito y corrí a la espesura:
“allí estás, ya te he visto, cariño, te he encontrado”

Sin embargo, sus juegos ya habían terminado,
con la brisa de Céfiro, de primavera pura
y el consecuente Noto, que arrastra a la locura,
terminó por guindarlo de un témpano dorado.

Cuando surgen mis besos con aliento fogoso,
sus temores enfriaron mi albor primaveral
y me volví leona picaresca y arisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

III

Mi risa enloqueció, transformada en congoja
y mató a la pasión, naciendo el desconsuelo
y esculpió su retrato como imagen de hielo,
para tener su invierno, en mi verano de hoja.

Enmudeció mi canto, al ruido que se arroja
mi hoguera se apagó, pero antes quemó el cielo
y el Hades se instaló, como ausencia en desvelo
y Eros dejó los besos zumbados en mi troja.

Sus canas son destellos, de su cansancio añoso
que tatuaron mi piel, de su otoño especial
y mi amor lució joven, en su frente de risca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.



©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti
 
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SE ESCONDIÓ DE MI FUEGO,
PREFIRIÓ LA VENTISCA




Buscaba la pasión y el amor se asustó,
se escondió sin disculpas, imitó a patrañeros
y aunque me vio angustiada, cuentero entre cuenteros,
las razones del tiempo nunca las relató.

Vi a Hermes que en mi espejo vacuidad reflejó,
con la Afrodita madre que lloraba por Eros;
vi al Boreas pedante de arrastrar compañeros
hacia el viento del norte. Y el amor congeló.

Fue sabio como un viejo, como un niño gracioso,
las mil y una noches en un cuerpo otoñal
y escribió sus historias con limo y arenisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

II

Del uno hasta el cuarenta tras el árbol sagrado,
conté fantaseando que fuera travesura,
mi corazón dio el grito y corrí a la espesura:
“allí estás, ya te he visto, cariño, te he encontrado”

Sin embargo, sus juegos ya habían terminado,
con la brisa de Céfiro, de primavera pura
y el consecuente Noto, que arrastra a la locura,
terminó por guindarlo de un témpano dorado.

Cuando surgían mis besos con aliento fogoso,
sus temores enfriaban mi albor primaveral
y me volví leona picaresca y arisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

III

Mi risa enloqueció, transformada en congoja
y mató a la pasión, naciendo el desconsuelo
y esculpió su retrato como imagen de hielo,
para tener su invierno, en mi verano de hoja.

Enmudeció mi canto, al ruido que se arroja
mi hoguera se apagó, pero antes quemó el cielo
y el Hades se instaló, como ausencia en desvelo
y Eros dejó los besos zumbados en mi troja.

Sus canas son destellos, de su cansancio añoso
que tatuaron mi piel, de su otoño especial
y mi amor lucía joven, en su frente de risca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.



©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti

Estimada SorGalim, bello trío de sonetos,
con correctas rimas y acentos,
y su métrica irreprochable,
salvo en dos versos,
el 9º del segundo soneto
y el 11º del tercero,
donde no corresponde diptongo en surgían y lucía ,
repectivamente;
porque requiere un traslado de acento,
teniendo que pronunciarse surgián y luciá,
lo que no lo encuentro lícito;
Por lo tanto, debo declararlo NO APTO,
mientras no se corrija dicha irregularidad;
un saludo,
edelabarra
 
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SE ESCONDIÓ DE MI FUEGO,
PREFIRIÓ LA VENTISCA




Buscaba la pasión y el amor se asustó,
se escondió sin disculpas, imitó a patrañeros
y aunque me vio angustiada, cuentero entre cuenteros,
las razones del tiempo nunca las relató.

Vi a Hermes que en mi espejo vacuidad reflejó,
con la Afrodita madre que lloraba por Eros;
vi al Boreas pedante de arrastrar compañeros
hacia el viento del norte. Y el amor congeló.

Fue sabio como un viejo, como un niño gracioso,
las mil y una noches en un cuerpo otoñal
y escribió sus historias con limo y arenisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

II

Del uno hasta el cuarenta tras el árbol sagrado,
conté fantaseando que fuera travesura,
mi corazón dio el grito y corrí a la espesura:
“allí estás, ya te he visto, cariño, te he encontrado”

Sin embargo, sus juegos ya habían terminado,
con la brisa de Céfiro, de primavera pura
y el consecuente Noto, que arrastra a la locura,
terminó por guindarlo de un témpano dorado.

Cuando surgen mis besos con aliento fogoso,
sus temores enfriaron mi albor primaveral
y me volví leona picaresca y arisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

III

Mi risa enloqueció, transformada en congoja
y mató a la pasión, naciendo el desconsuelo
y esculpió su retrato como imagen de hielo,
para tener su invierno, en mi verano de hoja.

Enmudeció mi canto, al ruido que se arroja
mi hoguera se apagó, pero antes quemó el cielo
y el Hades se instaló, como ausencia en desvelo
y Eros dejó los besos zumbados en mi troja.

Sus canas son destellos, de su cansancio añoso
que tatuaron mi piel, de su otoño especial
y mi amor lució joven, en su frente de risca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.



©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti

Una vez corregidos los detalles indicados, se declara APTO.
Un saludo,
edelabarra
 
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SE ESCONDIÓ DE MI FUEGO,
PREFIRIÓ LA VENTISCA




Buscaba la pasión y el amor se asustó,
se escondió sin disculpas, imitó a patrañeros
y aunque me vio angustiada, cuentero entre cuenteros,
las razones del tiempo nunca las relató.

Vi a Hermes que en mi espejo vacuidad reflejó,
con la Afrodita madre que lloraba por Eros;
vi al Boreas pedante de arrastrar compañeros
hacia el viento del norte. Y el amor congeló.

Fue sabio como un viejo, como un niño gracioso,
las mil y una noches en un cuerpo otoñal
y escribió sus historias con limo y arenisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

II

Del uno hasta el cuarenta tras el árbol sagrado,
conté fantaseando que fuera travesura,
mi corazón dio el grito y corrí a la espesura:
“allí estás, ya te he visto, cariño, te he encontrado”

Sin embargo, sus juegos ya habían terminado,
con la brisa de Céfiro, de primavera pura
y el consecuente Noto, que arrastra a la locura,
terminó por guindarlo de un témpano dorado.

Cuando surgen mis besos con aliento fogoso,
sus temores enfriaron mi albor primaveral
y me volví leona picaresca y arisca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval,
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.

III

Mi risa enloqueció, transformada en congoja
y mató a la pasión, naciendo el desconsuelo
y esculpió su retrato como imagen de hielo,
para tener su invierno, en mi verano de hoja.

Enmudeció mi canto, al ruido que se arroja
mi hoguera se apagó, pero antes quemó el cielo
y el Hades se instaló, como ausencia en desvelo
y Eros dejó los besos zumbados en mi troja.

Sus canas son destellos, de su cansancio añoso
que tatuaron mi piel, de su otoño especial
y mi amor lució joven, en su frente de risca.

Fue tierno y confidente, fue dulce y respetuoso
pero salió corriendo detrás de un vendaval
se escondió de mi fuego, prefirió la ventisca.



©SorGalim
Milagros Hernández Chiliberti


WOW... Excelso virtuosismo literario. Fomato de perfectos alejandrinos, sin nada que objetar... Muestra de exquisita erudición clásica y magistral manejo de un tema que conmueve, con el uso de elementos mitológicos.
Mi querida Sor, me rindo a tu pies.

Te amo, mi señora de los sonetos encadenados
 
WOW... Excelso virtuosismo literario. Formato de perfectos alejandrinos, sin nada que objetar... Muestra de exquisita erudición clásica y magistral manejo de un tema que conmueve, con el uso de elementos mitológicos.
Mi querida Sor, me rindo a tu pies.

Te amo, mi señora de los sonetos encadenados

Muchas gracias por tus palabras, querido Raúl
 
Mila, paso informándote, que imprimiré este poema para llevármelo porque lo usaré como instrumento en un taller de sonetos.

Besosssssss
 
Querida Milagros:

Dejaré en tus líneas la magia del amor... Ya lo verás.
...:::sonreir1:::
 

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