Recogí por igual
pétalos y piedras
hasta llenar las manos
como las llenaría el mar.
Luego alcé la vista al cielo
buscando el verano
y levanté los brazos
para darle al viento
mi regalo.
Las piedras cayeron
como un suspiro pesado
rociando el suelo de ecos
y silencios lejanos
y los pétalos volaron
como alas doradas y rojas,
como un haiku
que se dejara recordar
tras su sencilla sonrisa.
El atardecer trajo su sombras largas al rio
hasta alargar el silencio al límite de horizonte ardiente.
pétalos y piedras
hasta llenar las manos
como las llenaría el mar.
Luego alcé la vista al cielo
buscando el verano
y levanté los brazos
para darle al viento
mi regalo.
Las piedras cayeron
como un suspiro pesado
rociando el suelo de ecos
y silencios lejanos
y los pétalos volaron
como alas doradas y rojas,
como un haiku
que se dejara recordar
tras su sencilla sonrisa.
El atardecer trajo su sombras largas al rio
hasta alargar el silencio al límite de horizonte ardiente.