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Se me quiebra en espejos.

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

Te busco y me huyes, ansioso.
Vas y hablas con otra, sonriente
los celos me clavan el diente
y fluye mi llanto arenoso.

La voz se me quiebra en espejos,
reflejan mis horas malditas,
proyectan mis más negras cuitas.
Puñales me clavan tus dejos.

Si quieres callarme, soy muda.
Te dejo tu sur, sus gaviotas
graznando las más dulces notas.

Al norte estaré con mi duda
bordando cristales de plata,
producen dolor que no mata.

Pues nada nos ata
tan solo el deseo del verso
que llena de luz mi universo.

 

Te busco y me huyes, ansioso.
Vas y hablas con otra, sonriente
los celos me clavan el diente
y fluye mi llanto arenoso.

La voz se me quiebra en espejos,
reflejan mis horas malditas,
proyectan mis más negras cuitas.
Puñales me clavan tus dejos.

Si quieres callarme, soy muda.
Te dejo tu sur, sus gaviotas
graznando las más dulces notas.

Al norte estaré con mi duda
bordando cristales de plata,
producen dolor que no mata.

Pues nada nos ata
tan solo el deseo del verso
que llena de luz mi universo.

Suerte que aún quedan los versos para desahogarse.
El amor es inquietante.

Saludos
 

Te busco y me huyes, ansioso.
Vas y hablas con otra, sonriente
los celos me clavan el diente
y fluye mi llanto arenoso.

La voz se me quiebra en espejos,
reflejan mis horas malditas,
proyectan mis más negras cuitas.
Puñales me clavan tus dejos.

Si quieres callarme, soy muda.
Te dejo tu sur, sus gaviotas
graznando las más dulces notas.

Al norte estaré con mi duda
bordando cristales de plata,
producen dolor que no mata.

Pues nada nos ata
tan solo el deseo del verso
que llena de luz mi universo.

Te puedes situar donde lo desees.
Un beso, Luciana.
 
Gracias Luciana, me encanta la sinceridad de tus versos, somos imperfectos. Yo amé su natural galanura, pero no hubiese querido compartir su sonrisa que entibiaba mi alma como un descubrimiento, y aunque su pecho era mío, no hubiese querido fuera puesto jamás al descubierto, y menos sus ojos de niño, ingenuos; por eso callaba el exceso de ternura y me construía con su fuego.
 
Gracias Luciana, me encanta la sinceridad de tus versos, somos imperfectos. Yo amé su natural galanura, pero no hubiese querido compartir su sonrisa que entibiaba mi alma como un descubrimiento, y aunque su pecho era mío, no hubiese querido fuera puesto jamás al descubierto, y menos sus ojos de niño, ingenuos; por eso callaba el exceso de ternura y me construía con su fuego.
Eres una poeta, tu comentario es poesía. Muchas gracias por tu bello comentario. Un abrazo y felicidades.
 
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