Álex Hernández
Poeta recién llegado
Se te ha hecho costumbre dejarme de lado.
Prometerme un mañana, cuando, ni siquiera puedes dejar de liarte y decirme que me quieres.
Te has vuelto toxica, y entre palabras a medias, y ese amanecer prometido, me he cansado. De aullar entre lobos, y decir que quiero devuelta nuestras vidas. Porque nunca hubo un nosotros, ni una salida de emergencia.
Me he quedado mirando al cielo, ¿Podrás verme entre líneas? Espero que no. Porque significa, que no te he dejado ir, no quiero. No te quiero de vuelta… No nos quiero de vuelta.
Sé que me miento, porque aun sigo soñando contigo.
Porque he dejado de tener pesadillas, y he vuelto a soñar con tus piernas de alfiler.
Y sé que te extraño. Al menos, a ese lago, a esa fogata en medio del bosque, que ardía junto con tu alma.
Hay que tener muchos cojones para dejar ir a alguien que queremos. Al pasar de los años, el hogar deja de ser algo material, para convertirse, en una persona; en un par de cuerpos abrazados junto a la chimenea, que se mezclan con la nostalgia de la noche, para convertirse en verano.
Visitantes van y vienen. Y no ha quedado nada por salvar. No, el amor que sigo teniendo, muy en lo profundo. Me gustaría saber que hacer con ese nudo en la garganta. Con esos ojos cristalinos, y el corte que siento en la voz.
No puedo desearte felicidad, ni oscuridad. Sólo te pido, que no vuelvas a llamar. Porque te juro, que voy a buscarte, y voy abrazarte, como nunca nadie lo ha hecho. Y no importa si me ves llorar.
Que nadie te quiera,
que nadie te haga sentir tan miserable, como me siento ahora.
Que nadie te regale sus mañanas,
porque echaras de menos, ese viento cálido, que cae suavemente y se cuela por tu bata de dormir.
Que no te quieran nunca.
Prometerme un mañana, cuando, ni siquiera puedes dejar de liarte y decirme que me quieres.
Te has vuelto toxica, y entre palabras a medias, y ese amanecer prometido, me he cansado. De aullar entre lobos, y decir que quiero devuelta nuestras vidas. Porque nunca hubo un nosotros, ni una salida de emergencia.
Me he quedado mirando al cielo, ¿Podrás verme entre líneas? Espero que no. Porque significa, que no te he dejado ir, no quiero. No te quiero de vuelta… No nos quiero de vuelta.
Sé que me miento, porque aun sigo soñando contigo.
Porque he dejado de tener pesadillas, y he vuelto a soñar con tus piernas de alfiler.
Y sé que te extraño. Al menos, a ese lago, a esa fogata en medio del bosque, que ardía junto con tu alma.
Hay que tener muchos cojones para dejar ir a alguien que queremos. Al pasar de los años, el hogar deja de ser algo material, para convertirse, en una persona; en un par de cuerpos abrazados junto a la chimenea, que se mezclan con la nostalgia de la noche, para convertirse en verano.
Visitantes van y vienen. Y no ha quedado nada por salvar. No, el amor que sigo teniendo, muy en lo profundo. Me gustaría saber que hacer con ese nudo en la garganta. Con esos ojos cristalinos, y el corte que siento en la voz.
No puedo desearte felicidad, ni oscuridad. Sólo te pido, que no vuelvas a llamar. Porque te juro, que voy a buscarte, y voy abrazarte, como nunca nadie lo ha hecho. Y no importa si me ves llorar.
Que nadie te quiera,
que nadie te haga sentir tan miserable, como me siento ahora.
Que nadie te regale sus mañanas,
porque echaras de menos, ese viento cálido, que cae suavemente y se cuela por tu bata de dormir.
Que no te quieran nunca.
Última edición: