Se regala un alma

Su mejor poema era su voz,
las palabras cuidadosas
al fulgor de la verdad.


Su empeño algo divino
sin resistencia efectivo,
de darme sus prosas,
prestarme su alma
en cada anochecer.


Por eso voló hasta ser
llanto y sonrisa,
por mucho más
se metió profundo
y aún se oye aquí;
dentro,
cuando a veces
parece acabarse el amor.

(Su mejor poema era su voz,
al fulgor de su verdad
que era su luz).
 
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