Asklepios
Incinerando envidias
Se resistían las sorpresas a las pequeñas cosas. La imposibilidad de que todo el dolor desapareciera de entre las invertebradas sonrisas que la luz devora, provocó un llanto deshuesado, que retuvo lo que jamás se recupera: Por siempre las llagas de amor.
Sumisas a esta presencia, tras los opacos calendarios de las palabras prohibidas, las sorpresas intentaron, con dulzura, remendar sus estrategias y así, poder someter de nuevo a las deshilachadas auroras, amas y señoras de los escasos bostezos. Esos que proclaman toda desidia y el espeso aburrimiento, señales de la falta de ganas de vivir.
Sumisas a esta presencia, tras los opacos calendarios de las palabras prohibidas, las sorpresas intentaron, con dulzura, remendar sus estrategias y así, poder someter de nuevo a las deshilachadas auroras, amas y señoras de los escasos bostezos. Esos que proclaman toda desidia y el espeso aburrimiento, señales de la falta de ganas de vivir.