Llegaste volando una noche de junio
embrujando con besos que rompían conjuros;
pociones picantes de sabor vagabundo,
tocando lugares, descubriendo un rumbo.
Cambiando de tonos los verdes oscuros
de unos ojos feroces que veían los tuyos;
jugando a pasados, rompirendo futuros,
llenando los vasos de sangre de brujos.
Quebrando las luces cuando te alumbró precavido
el deseo furioso de los flecos desnudos
de la piel perfumada del pecado más crudo,
pisando las suelas de zapatos sin uso.
Soñando entre telas y quedando más descubierto;
creyendo escaparte del interrogatorio mudo,
averiguó entre voces que carecen de sentido,
todos tus reproches, tus dolores taciturnos.
Te ahogue entre puñales de mis labios malheridos,
cambie los sinsabores por veneno de pistilo.
Me olvide de los rencores de soñar cuando es debido,
y, jure que en mis noches, tú, murcielago atrevido,
cantarás todas y una, las canciones del destino,
reimprimiendo entre mis dedos tus mordiscos de felino;
saboreando en penumbra tus tonos desconocidos.
Pues, el pecado más grande que jamás has cometido,
fue jugarte con los dados una noche entre mis vicios...
embrujando con besos que rompían conjuros;
pociones picantes de sabor vagabundo,
tocando lugares, descubriendo un rumbo.
Cambiando de tonos los verdes oscuros
de unos ojos feroces que veían los tuyos;
jugando a pasados, rompirendo futuros,
llenando los vasos de sangre de brujos.
Quebrando las luces cuando te alumbró precavido
el deseo furioso de los flecos desnudos
de la piel perfumada del pecado más crudo,
pisando las suelas de zapatos sin uso.
Soñando entre telas y quedando más descubierto;
creyendo escaparte del interrogatorio mudo,
averiguó entre voces que carecen de sentido,
todos tus reproches, tus dolores taciturnos.
Te ahogue entre puñales de mis labios malheridos,
cambie los sinsabores por veneno de pistilo.
Me olvide de los rencores de soñar cuando es debido,
y, jure que en mis noches, tú, murcielago atrevido,
cantarás todas y una, las canciones del destino,
reimprimiendo entre mis dedos tus mordiscos de felino;
saboreando en penumbra tus tonos desconocidos.
Pues, el pecado más grande que jamás has cometido,
fue jugarte con los dados una noche entre mis vicios...