Se te escapó la tortuga
/diría el diego / cuando te marchaste
aquella mañana y no me dejaste
encima del miedo un corazón de repuesto
para el mío guardarlo entre cuatro cristales
custodiado por los generales
del anhelo cobarde / del paso del tiempo.
Y yo kamikaze le fallé a la promesa
de querer olvidarte / Así me encontré
entre escotes de bares de mujeres de nadie
en el fondo del vaso de séptimos tragos /
entre las mentiras del sol en cada ocaso
y las verdades del alba en cada mañana.
“Todo pasa” dice Don Julio,
y entre cirios de propias misas paganas
se ofreció una virgen María a curar las heridas
de la ausencia de tu risa / de noches perdidas.
Cansado de jugar al pobre dejado,
viaje sin condiciones a su sonrisa con sueños,
a su mirada sin sustos / a sus proyecciones de nietos.
Y no fue / un año ni dos / sino un lustro
de paseos de domingo /de cines y helado,
de sexo sentido / viajes planeados,
proyectos de vida / ausencia de bares,
jugando contento al amor / haciendo regalos.
Pero / se te escapó la tortuga cuando te marchaste
y no me dejaste un corazón de repuesto /
y yo kamikaze le fallé a la promesa de querer olvidarte /
Cuando regresaste / no había cuatro cristales
ni corazón custodiado por los generales
del paso del tiempo /
y ahora me encuentro,
entre escotes de bares de mujeres de nadie
en el fondo del vaso de séptimos tragos /
decidiendo entre proyecciones de nietos
y noches de las que se extinguen los besos,
entre canciones de cuna y terremotos prohibidos.
/diría el diego / cuando te marchaste
aquella mañana y no me dejaste
encima del miedo un corazón de repuesto
para el mío guardarlo entre cuatro cristales
custodiado por los generales
del anhelo cobarde / del paso del tiempo.
Y yo kamikaze le fallé a la promesa
de querer olvidarte / Así me encontré
entre escotes de bares de mujeres de nadie
en el fondo del vaso de séptimos tragos /
entre las mentiras del sol en cada ocaso
y las verdades del alba en cada mañana.
“Todo pasa” dice Don Julio,
y entre cirios de propias misas paganas
se ofreció una virgen María a curar las heridas
de la ausencia de tu risa / de noches perdidas.
Cansado de jugar al pobre dejado,
viaje sin condiciones a su sonrisa con sueños,
a su mirada sin sustos / a sus proyecciones de nietos.
Y no fue / un año ni dos / sino un lustro
de paseos de domingo /de cines y helado,
de sexo sentido / viajes planeados,
proyectos de vida / ausencia de bares,
jugando contento al amor / haciendo regalos.
Pero / se te escapó la tortuga cuando te marchaste
y no me dejaste un corazón de repuesto /
y yo kamikaze le fallé a la promesa de querer olvidarte /
Cuando regresaste / no había cuatro cristales
ni corazón custodiado por los generales
del paso del tiempo /
y ahora me encuentro,
entre escotes de bares de mujeres de nadie
en el fondo del vaso de séptimos tragos /
decidiendo entre proyecciones de nietos
y noches de las que se extinguen los besos,
entre canciones de cuna y terremotos prohibidos.
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