Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Se marcha la tarde y con ritmo lento
acuden a bailar unos luceros
fieles convidados del firmamento.
Sus vestidos de relucientes cueros
iluminan los ojos devastados
por constantes y azules aguaceros.
En su fiesta se encuentran deleitados,
con efímero alivio del dolor
de clavarse en un recuerdo apagados.
Les han devuelto el robado color
al compás de nocturna sinfonía
de jolgorio, de risas y de amor.
Por ahora se va la tarde fría
en que firme se decidió a partir
de su oscura mirada la alegría.
¡Cuéntales noche, si pueden vivir
en tu mágica y serena quietud,
si les permites que quieran morir
cegados por tu hermosa juventud!
acuden a bailar unos luceros
fieles convidados del firmamento.
Sus vestidos de relucientes cueros
iluminan los ojos devastados
por constantes y azules aguaceros.
En su fiesta se encuentran deleitados,
con efímero alivio del dolor
de clavarse en un recuerdo apagados.
Les han devuelto el robado color
al compás de nocturna sinfonía
de jolgorio, de risas y de amor.
Por ahora se va la tarde fría
en que firme se decidió a partir
de su oscura mirada la alegría.
¡Cuéntales noche, si pueden vivir
en tu mágica y serena quietud,
si les permites que quieran morir
cegados por tu hermosa juventud!